Jueves, 02 de septiembre, 2021

Madres y padres de familias aseguran que se les hace prácticamente imposible poder cumplir las normas del distanciamiento físico y aislamiento en el hogar decretadas para evitar contagios de la Covid-19, porque deben buscar la leña para poder preparar alimentos


Meses sin recibir el gas doméstico que les permita preparar los alimentos de manera segura y sin tanto sacrificio, hace a los habitantes del municipio Maturín capital del estado Monagas, a improvisar fogones; situación que los hace reducir la compra algunos alimentos para poder pagar el gasoil que les permite encender dichos fogones.

Madres y padres de familias aseguran que se les hace prácticamente imposible poder cumplir las normas del distanciamiento físico y aislamiento en el hogar decretadas para evitar contagios de la Covid-19, porque deben buscar la leña para poder preparar alimentos, limitando aún más el balance nutricional, que se ha visto alterado ante la situación económica y política por la que atraviesa el país, reduciéndose a la elaboración de sopas en alto porcentaje.

- Mira más artículos de la Revista "Anzoátegui y Monagas: en el olvido" haciendo clic aquí 

Ana Cecilia González, es madre de tres pequeños y se levanta desde la madrugada para prender el fogón y poder alimentarlos. “Prender ese fogón no es fácil, además el poquito dinero que tengo lo gasto comprando gasoil, sin eso el fogón no prende bien. Ya mi piel se ve diferente, paso casi todo el día soplando el fogón y me trago todo ese humo, es demasiado triste todo esto que vivimos”. Ana, con lágrimas en los ojos, resalta que sus tres niños se han enfermado de problemas respiratorios y no cuenta con los recursos necesarios para poder comprar las medicinas y cumplir con el tratamiento indicado. “Ya no puedo más, no hay nada peor que ver a mis hijos enfermos, pasan noches sin poder dormir de tanto toser, y parece que nadie se acuerda del pobre, sencillamente no les importa”. Exhortó a las autoridades responsables de la distribución del gas doméstico a surtir del servicio a los hogares, garantizando con ello permanecer en casa cumpliendo la cuarentena, resguardando la salud de las familias y evitando posibles tragedias por accidentes causados debido a manipulación inadecuada de la leña.

Estudios internacionales han demostrado que cocinar con fogones puede producir enfermedades como cáncer de pulmón, bronquitis, enfisemas o fibrosis pulmonar. Estas prácticas causan alarma en la población, en medio de todas las deficiencias que el sector salud padece y en medio de una pandemia mundial que justamente afecta al sistema respiratorio. El olor a tablones quemados es común en la comunidad Santa Inés de Maturín capital del estado Monagas, en donde sus habitantes se quejan de que las tuberías de la red de gas doméstico son un monumento inservible.

Asimismo, Pedro Hernández, viudo, padre de 4 niños todos menores de edad, se dedica a trabajar de manera informal, y las pocas horas que le quedan las dedica a buscar leña para cocinar. “Esto jamás lo vivimos antes, yo tenía mi cocinita y cuando mi esposa vivía preparábamos nuestra comida, ahora estoy solo con mis niños y debo pasar más de medio día buscando no solo alimentos que ya son pocos pues el dinero no alcanza, sino leña y gasoil para cocinar, esto no puede llamarse calidad de vida”. Hernández resalta que su hijo menor, de tan solo 3 años, tose como un adulto, esto debido a los problemas respiratorios causados por el humo del fogón.

“Mi casita no es grande y aquí todos tragamos humos. Yo no tengo para comprar medicinas, a veces le doy tecitos pero así de pequeño tose como un adulto, escucharlo todas las noches me parte el alma. La única forma de cocinar lo poco que traigo a falta de gas por tuberías, es siempre sobre un fogón de leña”.

Pero esta situación no solo ocurre en las comunidades más vulnerables, en los urbanismos la falta de gas doméstico también se hace presente obligando a sus residentes a utilizar cocinas eléctricas como una opción para cocinar; sin embargo, cuando el servicio eléctrico falla esta opción se desvanece ante sus ojos.

María Salazar, cuenta como ha tenido que programarse para cocinar cuando tiene electricidad en su casa. Sin embargo, no siempre corre con la misma suerte y, muchas veces, se queda sin comer hasta que vuelve la energía eléctrica a su hogar. “Hay días que me levanto tempranito y cocino todo lo que comeré en el día, tratando de que no sea nada que se dañe, porque si se va la luz se me daña en la nevera y eso me da más dolor. He pasado más de 6 horas sin comer porque se me va la luz y no me dio chance cocinar con mi cocinita eléctrica y en apartamento no puedo prender un fogón”.

La solidaridad entre vecinos se ha vuelto común, pues muchos aseguran que es una de las mejores maneras de palear la situación económica y política que se vive en el país.

Rafaél Mejías asegura que son sus vecinos su familia más cercana y la única capaz de entender lo que se viven actualmente “Esto se cuenta y no se cree. Si tienes agua, no tienes luz. Si llega la luz, te quitan el agua. Si no ninguna de las dos. Aquí es una constante montaña rusa lo que vivimos los venezolanos. Aquí nos apoyamos entre vecinos, es la única manera junto a la fe de sobrevivir en este país”.

Cada día se agrava el déficit en servicios básicos y esto afecta negativamente el desenvolvimiento cotidiano de los venezolanos que se mantienen dentro del país, ante la falla de gas doméstico los habitantes señalan que comprar una bombona vacía de gas cuesta aproximadamente 50 dólares y llenarla significa invertir 10 dólares.

Cocinar con leña es una modalidad que se extiende no solo a zonas rurales, sino a múltiples ciudades del país. Al respecto, José Pérez destacó: “el gobierno parece no tener una respuesta oportuna e inmediata que permita ver luz al final del camino, aquí no hay respuesta para nadie, estamos a la buena de Dios y ahora quieren que cumplamos cuarentena cosa que entiendo, pero bajo estas circunstancias es prácticamente imposible”.

“Aquí si uno no sale, te mueres de hambre y si sales te mueres con el virus, la cosa esta bien difícil”, lamentó José Pérez. La realidad de la mayoría de las familias monaguenses es que muchas veces comen una vez al día, y otras se acuestan sin probar bocado.

Además, muchos deben luchar por la falta de empleos formales que no les permite comprar alimentos y otros que cuentan con uno, pero aseguran que lo que ganan no les alcanza para comprar los productos de la cesta básica.

Las constantes fallas de los servicios públicos, convierte el día a día en una montaña rusa de emociones negativas en el estado Monagas, en donde la fe y la esperanza son el escudo más sólido que les permite ponerse en pie y continuar al día siguiente. Es propicio que las autoridades locales logren consenso para solucionar estos problemas que día a día se convierten en las causas de la profundización de la emergencia humanitaria compleja en todo el país.

 

Por Mariana González Latuff