
Hoy hacemos esta válida y oportuna reflexión sobre la situación de la comunidad LGBTIQA+ a lo largo de la historia y cómo podría acrecentarse durante la emergencia y los desastres producidos por los terremotos del 24 de junio de 2026 en Venezuela.
Era miércoles 24 de junio y en aquel inesxistente bar de ambiente ZigZag o ZZ, en la Av. Libertador -hoy un espacio de eventos-, se reunía un nutrido grupo de la comunidad LGBTIQA+ con Tamara Adrián (Diverlex), Rodolfo Montes de Oca (PROVEA) y Edgar Carrasco (Entendido 2.0), tres gigantes con experiencia en el tema de archivos y memoria histórica, para el Conversatorio VeneQueer promovido por el Observatorio Venezolano de Violencias LGBTIQ+ OVV [1].
El conversatorio es una oportunidad para un grupo ávido de información que mira el pasado como una atrocidad llena de horrores, represión, discriminación y violaciones flagrantes de los derechos humanos. Hablar de un ambiente pasado y oculto revela una clandestinidad impuesta por negocios homofóbicos, la violencia policial y los programas de “limpieza social”. Este contexto se convierte en un excelente escenario para aprovecharse de una clientela atemorizada y oprimida por la corrupción, la violencia y la impunidad. Una historia que, a pesar de su doloroso y aterrador pasado, funciona como una base estable para fortalecer lo que las nuevas generaciones han alcanzado en diversidad, visibilidad, participación y derechos. Hoy, los antiguos cimientos endebles de esos antiguos bares son espacios para disertar y discutir derechos y posicionamientos. Espacios para hablar libremente como ciudadanos y ciudadanas sobre nuestras orientaciones e identidades, en esta sociedad agrietada por el heteropatriarcado y los “telúricos” prejuicios del poder político, religioso y legal que atacan los derechos de nuestra comunidad.





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