Voces al frente: el rol transformador de las mujeres en el activismo LGBTIQ+
Las mujeres —especialmente las lesbianas, pero también las bisexuales y trans— se encontraron en una encrucijada: marginadas tanto por los hombres dentro del activismo disidente como por las mujeres heterosexuales dentro de los espacios feministas tradicionales

A lo largo de la historia, las mujeres han desempeñado un papel fundamental en el activismo LGBTIQ+, aunque en muchos momentos ese rol ha sido minimizado o casi borrado. Hay casos puntuales que lo recuerdan, como los de Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera, dos mujeres trans que fueron pioneras en los disturbios de Stonewall en 1969, un hito que transformó la percepción social y dio inicio al orgullo moderno: un orgullo que hoy levanta la bandera de una lucha que todavía falta por conquistar.
Sin embargo, dentro del propio movimiento no siempre se recuerda que las mujeres hayan sido tan determinantes. Durante la segunda ola del feminismo, que tomó fuerza entre las décadas de 1960 y 1980, el movimiento de liberación gay y LGBTIQ+ se desarrolló en paralelo y entre ambos se vivieron tensiones profundas.
En los grupos de liberación gay y homosexual dominados por hombres en los años setenta, las mujeres enfrentaban conductas sexistas y una desatención casi total a sus necesidades específicas. Mientras esos espacios priorizaban agendas de liberación sexual que a menudo replicaban dinámicas de poder o ignoraban la opresión estructural de género, las mujeres buscaban algo más profundo: una reestructuración completa de las relaciones de poder patriarcales. Así lo señala el documento de investigación de ResearchGate titulado "Lesbians, second-wave feminism and gay liberation".
En la actualidad, ambos movimientos han avanzado hasta encontrarse en la interseccionalidad. Pero eso no significa que, en la práctica cotidiana del activismo, hayan desaparecido las fricciones sobre cómo priorizar las múltiples capas de vulnerabilidad —género, clase, raza, orientación sexual, la vivencia bisexual o trans—, lo que exige un esfuerzo activo para que las alianzas no dejen atrás a las periferias del movimiento.
Para este artículo entrevistamos a tres mujeres queer sobre cómo se ven dentro del activismo, y sobre lo que aún falta por alcanzar, especialmente en un país como Venezuela, donde los derechos LGBTIQ+ están lejos de ser una realidad plena. Según el Índice Equaldex, la igualdad en Venezuela tiene una puntuación deficiente de 53 sobre 100—ubicándose a nivel regional muy por detrás de vecinos regionales como Argentina (75), Brasil (75), Ecuador (64) o Colombia (71).
Entre el desgaste y la resistencia
Para Nohelia Urbina, activista feminista y LGBTIQ+, cofundadora de la colectiva interseccional Uquira, ejercer activismo en un contexto como este puede resultar "desgastante".
"Muchas veces puede ser algo desgastante. En el activismo LGBTIQ+ los hombres siguen teniendo espacios de liderazgo, mientras las mujeres quedamos en tareas logísticas y de cuidados”, menciona.
Más adelante, afirma que “Formar parte del activismo por los derechos humanos no nos exime de reproducir ciertas prácticas desiguales. Esto, sumado al contexto venezolano, hace que haya más probabilidades de sufrir ansiedad, depresión o burnout. Por eso es tan importante hablar de estas situaciones dentro del activismo: ayuda a deconstruirlas y a encontrar nuevas formas de participar.”
A pesar de estos desafíos, ser activista LGBTIQ+ en este contexto es también un acto de resistencia y esperanza. Están la visibilidad y la solidaridad. La primera contribuye a romper el silencio al alzar la voz, desafiar los estigmas y visibilizar las realidades trans en cada acción, cada protesta, cada historia contada.
La segunda, la solidaridad, pues el activismo ha creado redes de apoyo entre mujeres, aliades y organizaciones que luchan por la igualdad de derechos para todes, una solidaridad crucial para seguir exigiendo reconocimiento. A través del activismo, muchas mujeres encuentran una voz y un espacio para expresar sus realidades y necesidades, lo que no solo empodera individualmente, sino que fortalece a toda la comunidad trans.
Pese a todas estas contradicciones que atraviesan al activismo, también existe una cierta satisfacción en lo que se hace, como expresa Glorielys Pérez, coordinadora del Observatorio de Violencia LGBTIQ+: "Como mujer bisexual, puedo decir que siento cierta satisfacción, porque vivimos un momento complejo y desafiante: muchas organizaciones LGBTIQ+ han tenido que cerrar y somos de las pocas que seguimos. En octubre de este año cumplimos cuatro años de trabajo.”
Al hablar de su orientación sexual, Pérez añade que ser bisexual en estos espacios es una puerta que puede abrirse y cerrarse: persisten muchos prejuicios sobre la bisexualidad e, incluso al participar, se puede enfrentar estigma y espacios bifóbicos.
Amor hacia el activismo
Pese a los estigmas que enfrentan las mujeres dentro del movimiento, muchas continúan por amor a la lucha por los derechos, como es el caso de Prissila.
"El activismo desde mi identidad como mujer trans, en un país donde los derechos de las personas LGBTIQ+ son sistemáticamente ignorados y donde la violencia y la discriminación son parte de la cotidianidad, significa que cada paso hacia la visibilidad y el reconocimiento es una lucha constante. Para mí, ocupar y disputar espacios dentro del movimiento LGBTIQ+ no solo es un acto de resistencia, sino también una forma de reivindicar mi existencia y la de tantas otras que enfrentamos la marginalización. Este activismo se convierte en un acto de amor propio y solidaridad, donde buscamos construir un futuro más inclusivo y justo", señala.
Para Nohelia sucede algo similar: "Para mí ha sido conocerme cada día, mis límites y mis horizontes. Ocupar espacios dentro del movimiento ha sido conocer a personas maravillosas y cálidas que trabajan día a día por los derechos LGBTIQ+, pero también es enfrentarnos a que siempre habrá personas que no compartan nuestro punto de vista, y mantener el respeto a pesar de las diferencias es lo que nos permite seguir luchando por esta causa.”
Y Glorielys expresa que las mujeres deben sostenerse en redes de cuidado y apoyo que el Estado no provee: "Es acuerparnos en las distintas causas de mujeres lesbianas, bisexuales, intersex; es apoyarnos y sostenernos entre nosotras, donde el Estado es el principal perpetrador de la violencia por acción u omisión, donde no existen cifras de nuestras realidades. Es fundamental estar para nuestras compañeras".
Añade que es importante no quedarse calladas ante la injusticia que viven otras, y que por eso el activismo LGBTIQ+ es fundamental para la construcción social, una de las razones por las que sigue adelante.
Un hilo que no se rompe
Las historias de Nohelia, Prissila y Glorielys son distintas entradas a una misma verdad: las mujeres no han acompañado el activismo LGBTIQ+ desde los márgenes, lo han sostenido desde el centro, muchas veces sin el reconocimiento que merecen.
Desde Stonewall hasta las colectivas venezolanas de hoy, su lucha ha sido doble —contra la violencia estructural del Estado y contra las jerarquías que persisten dentro de sus propios espacios—, y aun así han insistido en construir redes de cuidado donde otros no las ofrecen. Reconocer ese trabajo no es un gesto simbólico: es entender que la lucha LGBTIQ+ no avanza si no avanza también, y de la mano, la lucha por un lugar justo para las mujeres dentro de ella.
El rol transformador de las mujeres en el activismo LGBTIQ+ sigue aquí y es una realidad; no obstante, existen los desafíos internos y externos que deben sortear en lo cotidiano. Las mujeres de todas las orientaciones sexuales disidentes y de la diversidad de identidades son en esencia las voces que van al frente.
Semblanza de las activistas entrevistadas
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Nohelia Urbina es internacionalista, activista feminista y defensora de los derechos LGBTIQ+. Es cofundadora de Uquira, una colectiva feminista e interseccional. En los últimos años, se ha dedicado a visibilizar la importancia de la salud sexual y reproductiva y a alzar su voz por una menstruación digna. Profesa la ternura como un actor revolucionario: una herramienta de transformación social que apuesta por el cuidado, la empatía y la construcción de vínculos más justos y humanos.
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Glorielys Pérez es activista por los derechos LGBTIQ+ y actualmente coordina el Observatorio de Violencia LGBTIQ+. Forma parte del activismo desde el año 2022 y apuesta por la inclusión de más mujeres dentro del movimiento. Cree que las mujeres son necesarias para contar sus propias historias y para ser partícipes de los procesos de cambio: solo así las luchas serán verdaderamente representativas, diversas y capaces de transformar las realidades que aún las excluyen.
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Prissila Anastasia Solórzano forma parte del activismo LGBTIQ+ desde el año 2009. Formó parte del staff de Amnistía Internacional Venezuela (AIVEN) y también integró la organización de la sociedad civil Caleidoscopio Humano. En la actualidad, hace vida en el Observatorio Venezolano de Violencia LGBTIQ+, donde coordina el área de atención psicológica y asesoría legal de la organización. Como mujer trans, Prissila cree que es indispensable que las voces trans continúen visibilizando sus realidades en un contexto tan restrictivo como el venezolano. Su activismo trasciende las fronteras de lo individual para convertirse en un compromiso colectivo: una lucha constante por la dignidad, la igualdad y el reconocimiento pleno de los derechos de las personas trans en Venezuela y en toda la región.
Creditos
Coordinación: Franklin García y Edgar Carrasco.
Articulista: Eili Córdova (Uquira Colectiva Feminista).
Edición y corrección de texto: Belkis Lugo.
Fotografía: Melanie Agrinzones (Uquira Colectiva Feminista) Franklin García y Edgar Carrasco
Agradecimientos a: Prissila A. Solorzano (OVV LGBTIQ+, Glorielys Pérez (0VV LGBTIQ+), Nohelia Urbina (Uquira Colectiva Feminista).
Este artículo se da gracias a un trabajo colaborativo entre Uquira Colectiva Feminista y Entendido 2.0. Todo posible por el compromiso de Melanie Agrinzones y Eili Córdova, de Uquira Colectiva Feminista.
A las organizaciones interesadas en desarrollar trabajos conjuntos contactar a Franklin García al WhatsApp 0412 9901847.




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