Lunes, 19 de septiembre, 2016

Paisajes idílicos como el de esta fotografía podrían perderse para siempre. Foto de LaiQuocAnh / Shutterstock.com


Hay países que suelen ser tomados como una referencia en materia de desarrollo y derechos humanos. Un ejemplo claro sería Canadá, pionera en muchos avances. Sin embargo la moneda tiene dos caras. La consideración que las autoridades le conceden a sus comunidades indígenas (que no suelen ser tan conocidas, pero que representan mucho más de tres millones de personas) aparentemente no es digna de admiración.

Gran marcha por los derechos ancestrales

Activistas de diferentes partes de Canadá están llevando a cabo, desde la semana pasada, una marcha a lo largo de ese enorme país para llamar la atención de la opinión pública en relación con la urgente necesidad de justicia para las comunidades indígenas del Valle del Río de la Paz (Peace River - Rivière de la Paix), gravemente amenazadas por la construcción de una represa que inundaría una extensión de su territorio de 107 kilómetros cuadrados y que a su vez tendría fuertes repercusiones medioambientales. Incluso un estudio gubernamental concluyó que la represa, denominada “Site C” “socavaría gravemente” la cultura de los pueblos originarios del lugar, haría que la pesca fuera peligrosa y sumergiría una cantidad considerable de sitios culturales de importancia. Sin embargo, dicho estudio ha sido ignorado. La construcción de la represa no se ha detenido. La misma comenzó en 2014 y con ella el desalojo de grandes extensiones que se verán cubiertas por las aguas.

Actualmente los pueblos indígenas del Valle del Río de la Paz se encuentran en una costosa lucha legal por sus tierras que no se sabe a dónde podría ir a parar. Es desgastante y es muy probable que no de resultado alguno, a menos de que las y los canadienses se sensibilicen con la situación y consigan, mediante presión, que el gobierno de Canadá se sensibilice también.

El Valle del Río de la Paz

El Valle del Río de la Paz es un ecosistema único y una de las pocas áreas de la región que se han conservado al margen de la explotación a gran escala de recursos. Sus habitantes viven de la caza y la pesca desde tiempos ancestrales.

Sus tierras son sumamente fértiles y están en capacidad de alimentar a millones de personas. 

Las autoridades locales afirman que hicieron una “consulta” a los pueblos indígenas del lugar, pero Amnistía Internacional está en conocimiento de que dicha consulta no fue realizada como es debido, siguiendo los estándares internacionales de derechos humanos. Los derechos de estas personas en vez de estar siendo protegidos están siendo ignorados.

Amnistía Internacional no es un movimiento que se oponga al desarrollo. El desarrollo es una herramienta a favor de la calidad de vida y la obtención de recursos necesarios para garantizar la dignidad para las personas. No obstante, en esta oportunidad Amnistía Internacional se suma al clamor de las naciones originarias y grupos ambientalistas porque el costo humano de este proyecto es demasiado elevado.

Proyectos tan grandes deben ser consultados con las y los habitantes que podrían verse afectados, tal como lo establecen los tratados internacionales. Esto debe hacerse si se quiere llevar a cabo la represa “Site C”.

No todo lo que brilla es oro

Amnistía Internacional está haciendo una serie de misiones a la zona para determinar el impacto ambiental de otros proyectos a gran escala que se han estado llevando a cabo en Canadá, incluyendo proyectos mineros en la misma región. La conclusión es que dichos proyectos han creado una gran cantidad de puestos de trabajos, pero el desarrollo de los sistemas sociales para poder brindar servicios a todas esas personas que en muchos casos se han trasladado al lugar deja mucho que desear. No hay suficientes casas ni doctores. La brecha salarial entre hombres y mujeres se ha agrandado de una manera significativa. El abuso de las drogas y del alcohol también se ha disparado y las policías no se dan abasto con los problemas a raíz de todo ello.

Las organizaciones locales de mujeres denuncian que se han establecido las condiciones para que la violencia contra la mujer aumente, en especial la violencia contra las mujeres indígenas.

Artículo redactado con información de Amnistía Internacional Canadá.