Domingo, 21 de mayo, 2017
Mata Carnevali, María Gabriela

África, además de ser cuna de la humanidad, es la cuna de los DDHH. A diferencia de lo que  normalmente se cree, los DDHH no son una idea de Occidente, que cristaliza luego de las crueldades de la segunda guerra mundial. La Charte du Manden, que viera luz durante el reinado de Sundiata Keita en el Imperio de Mali (siglo XIII), puede ser considerada como la primera enumeración de DDHH.


Como ocurre a menudo, las fuentes de información suponen para algunos investigadores un motivo de controversia, sobre todo cuando se pretende documentar un episodio ocurrido en África antes de la colonización, cuando se sistematizó y se generalizó la escritura, por la importancia concedida históricamente a las fuentes escritas. En el caso que nos ocupa, las referencias originales nos vienen de la tradición oral, pero desde los alegatos de Jan Vansina[i] al respecto ya nadie se atrevería a cuestionar su validez.  Y es que  en una civilización en la que la oralidad tiene un lugar central, el manejo y el dominio de la palabra son el fruto de un largo aprendizaje que desemboca en una técnica y un arte que son el patrimonio de los “maestros de la palabra”. De todas formas, se han encontrado referencias escritas muy antiguas, tanto de esta carta como de las particularidades del reinado de Sundjata Keita, por parte de historiadores árabes.

La figura de Sundjata emerge en la historia del África Occidental de una manera casi mítica de una época oscura y decadente, para construir un mundo nuevo. El que será el emperador de Malí no aparece solamente como un fabuloso conquistador, sino como un gobernante justo, respetuoso y comedido. Es decir, su prestigio no se lo debe únicamente a su carácter de guerrero poderoso, sino a su potencial aglutinador de sensibilidades e intereses diferentes y de creador de un nuevo equilibrio mucho más humano que el estadio anterior.

Su aporte al gobierno, a la construcción y a la estabilidad del Imperio de Malí se sintetiza en la proclamación, luego de su “coronación”, de una avanzada constitución, la  ya citada Charte du Manden, que  fue inscrita en la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco en 2009 y de la cual transcribimos a continuación algunos extractos, que me siento tentada a llamar versos, porque esta primera carta de DDHH es tan bella que parece un poema:

Los cazadores declaran:  

toda vida humana es una vida.

Es cierto que una vida llega a la existencia antes que otra,

pero una vida no es más 'antigua', más respetable que otra,

igual que una vida no es superior a otra.

 

Los cazadores declaran:

siendo toda vida una vida,

cualquier daño que se le cause exige reparación.

En consecuencia, que nadie ataque gratuitamente a su vecino,

que nadie cause daño a su prójimo, que nadie martirice a su semejante.

 

Los cazadores declaran:

 que todos velen por su prójimo,

que todos veneren a sus progenitores,

que todos eduquen a sus hijos como corresponde,

que todos 'mantengan', contribuyan a las necesidades

de los miembros de su familia.

 

Los cazadores declaran:

que todos velen por el país de sus padres,

por su país o su patria, 'faso',

hay que escuchar también y sobre todo a los hombres;

porque 'cualquier país, cualquier tierra que viera desaparecer

de su faz a los hombres

caería pronto en la nostalgia'.

 

Los cazadores declaran:

el hambre no es una buena cosa,

la esclavitud tampoco lo es;

son las peores calamidades que pueden suceder

en este bajo mundo.

En tanto conservemos el carcaj y el arco, el hambre no matará a nadie más en Manden,

si por azar el hambre volviera a asolarnos;

la guerra no destruirá nunca más poblados

para conseguir en ellos esclavos;

es decir, nadie colocará a partir de ahora el freno en la boca de

su semejante para llevarlo a la venta;

nadie será tampoco azotado, mucho menos ejecutado,

porque sea hijo de esclavo.

 

Los cazadores declaran:

el espíritu de la esclavitud se ha apagado desde el día de hoy,

'de un muro al otro', de una frontera a la otra de Manden;

la razzia se ha desterrado desde hoy en Manden;

las tormentas nacidas de estos horrores han acabado desde

hoy en Manden.

 

¡Qué prueba la del tormento!

Sobre todo cuando el oprimido no puede recurrir a nadie.

al esclavo no se le tiene consideración, en ninguna parte del mundo.

Las gentes de antes nos dicen: “El hombre como individuo

hecho de huesos y de carne, de médula y de nervios,

de piel recubierta de pelos y de cabellos,

se nutre de alimentos y de bebidas;

pero su 'alma', su espíritu vive de tres cosas:

ver lo que quiere ver,

decir lo que quiere decir,

hacer lo que quiere hacer.

Si carece de una sola de estas cosas,

sufrirá y con seguridad se marchitará”.

 

En consecuencia, los cazadores declaran:

a partir de ahora, todos son dueños de su persona,

a partir de ahora, cada uno es libre de sus actos,

cada uno dispone de los frutos de su trabajo.

Éste es el juramento de Manden, que todo el mundo lo oiga.



[i] Vansina, Jan (1985). Oral Tradition as History. Madison, Wisconsin: University of Wisconsin Press.