Jueves, 17 de agosto, 2017

El objetivo de la asistencia humanitaria es preservar la dignidad de los seres humanos, el sufrimiento humano debe ser atendido en donde sea que esté ocurriendo, la vida y la salud son partes esenciales de la dignidad humana y es por esto que cuando estos dos factores de nuestra dignidad se ven vulnerados a gran escala se deben atender los casos urgentes sin ningún tipo de distinción procurando así brindar apoyo en niveles empáticos que trasciendan intereses políticos, económicos, militares o de otro tipo.


En 2016 se celebró por primera vez la Cumbre Humanitaria Mundial entre el 23 y 24 de mayo, dicha cumbre fue convocada por el -para entonces- Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon. La razón de esta cumbre parece ser hoy más que nunca evidente si tomamos en cuenta que la humanidad está atravesando y presenciando el nivel más alto de sufrimiento humano desde la Segunda Guerra Mundial, existen hoy en día más de 65,3 millones de refugiadxs en el mundo (14 millones de personas más que en la IIGM).

Ante esta realidad los Estados y organizaciones internacionales han generado la figura de la ayuda o asistencia humanitaria para buscar responder y prevenir los devastadores resultados que traen consigo las situaciones de crisis en las que se encuentren los seres humanos, se habla de asistencia humanitaria cuando la ayuda es consistente con los principios de humanidad, imparcialidad, independencia y neutralidad; es decir, la asistencia se presenta a todas las personas afectadas por la crisis sin ningún tipo de distinción

El objetivo de la asistencia humanitaria es preservar la dignidad de los seres humanos, el sufrimiento humano debe ser atendido en donde sea que esté ocurriendo, la vida y la salud son partes esenciales de la dignidad humana y es por esto que cuando estos dos factores de nuestra dignidad se ven vulnerados a gran escala se deben atender los casos urgentes sin ningún tipo de distinción procurando así brindar apoyo en niveles empáticos que trasciendan intereses políticos, económicos, militares o de otro tipo.

En 1949 se suscribió un tratado multilateral que aplica para las víctimas de conflictos armados, los Convenios de Ginebra y aunque la cifra antes citada sobre la histórica cantidad de refugiadxs que presenta la humanidad actualmente puede ser una razón válida para entender la existencia de dichos convenios, la verdad es que aproximadamente un 20% de las personas que se ven obligadas a emigrar lo hacen por otras causas, tales como los desastres naturales, estas otras causas no cuentan con un tratado o convenio multilateral que les proteja y acarree obligaciones y compromisos para los Estados en la actualidad, como si es el caso para aquellas personas que huyen y se ven afectadas debido a conflictos armados.

El 19 de agosto se celebra el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria y trayendo a colación el lema de la Cumbre Humanitaria Mundial “Una humanidad: nuestra responsabilidad compartida” consideramos más que pertinente recordar que como humanidad que comparte sin distinción una Declaración Universal de los Derechos Humanos es responsabilidad tanto de los Estados y organismos internacionales como de todas las personas apoyar a quienes se encuentran en situaciones tan precarias que son incapaces de subsistir y superar las crisis por sus propios medios -básicamente porque no cuentan con prácticamente ningún medio para hacerlo- pero sobre todo, es nuestro deber como seres humanos trabajar cada día para construir sociedades que en los proximos 60 años no vayan a superar la actual y desalentadora cifra de refugiadxs a nivel mundial, sino que debemos formar a personas que trabajen en conjunto para preservar y promover la dignidad de las personas en todos los rincones del planeta.