LECCIONES PARA LA HUMANIDAD

Lunes, 21 de agosto, 2017
Por: Red de jóvenes, Red de jóvenes

Desconocer los acontecimientos históricos constituye un obstáculo para el presente y futuro de nuestras sociedades ya que para lograr entendimiento mutuo, reconciliación y cooperación de forma real y sostenible, es necesario entender cómo llegamos al presente y cuáles fueron las implicaciones, los sacrificios e incluso injusticias que se cometieron en el pasado.


A lo largo de la historia hemos visto cómo los seres humanos han buscado subsistir e imponerse ante los demás por diferentes motivos que van desde la supervivencia hasta los intereses egoístas de pequeños sectores de la sociedad, la verdad es que la historia de la humanidad que conocemos está llena de injusticias y atropellos en contra de ciertos grupos de seres humanos -mujeres, pueblos indígenas, entre otros- pero sobre todo, está llena de discriminación.

Desconocer los acontecimientos históricos constituye un obstáculo para el presente y futuro de nuestras sociedades ya que para lograr entendimiento mutuo, reconciliación y cooperación de forma real y sostenible, es necesario entender cómo llegamos al presente y cuáles fueron las implicaciones, los sacrificios e incluso injusticias que se cometieron en el pasado.

Un ejemplo emblemático de los errores que se han ido enmendando a lo largo de la historia es la trata y comercio de personas negras o afrodescendientes. El artículo 4 de la Declaración Universal de los Derecho Humanos nos dice que:

“Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.”

Por su parte, el artículo 7 nos recuerda a todxs que:

“Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación.”

El 23 de agosto se celebra el “Día Internacional del Recuerdo de la Trata de Esclavos y de su abolición” en conmemoración a esa penosa y dolorosa etapa de la humanidad donde las personas que no eran consideradas blancas y/o dignas de un “trato humano” eran torturadas, humilladas, vendidas y compradas; la dignidad humana no estaba en el imaginario de quienes fueron partícipes, cómplices y protagonistas de esta vergonzosa etapa de nuestra historia.

Hoy en día, podemos decir que desde aquel 23 de agosto de 1791, cuando los esclavos de Santo Domingo iniciaron aquella sublevación que sería decisiva para la abolición del comercio transatlántico de esclavos, el mundo comenzó a penalizar y a posicionarse del lado de la humanidad y no del lado de los intereses personales de ciertos grupos de personas. Hoy la esclavitud está prohibida y penalizada en el mundo ya que a través de diversos organismos multilaterales se han ido generando leyes, cortes penales, prácticas y costumbres que nos han alejado de ese injusto y doloroso pasado.

El Día Internacional del Recuerdo de la Trata de Esclavos y de su abolición es un día para celebrar que como humanidad hemos ido enmendando nuestros errores y poniendo cada vez más nuestras semejanzas como ejes transversales para regir nuestro comportamiento; pero también es un día para reflexionar sobre cuánto daño hicimos a un enorme grupo de personas que hoy en día todavía tiene que lidiar con discriminación en su día a día, acontecimientos como los de Estados Unidos nos abren los ojos y nos recuerdan que el apartheid era una realidad en Sudáfrica hasta hace 25 años.

“Borrón y cuenta nueva” puede ser una expresión muy amena para algunas ocasiones pero en estos casos donde el dolor y la dignidad humana fueron -y siguen siendo- parte del asunto, no parece justo ni útil para afrontar juntos, como seres humanos, los errores que se cometieron; tenemos una gran deuda con estas personas y la única forma saldarla es asegurándonos de haber aprendido del pasado para que no olvidemos nunca cómo y por qué algunas personas vendían y maltrataban a otros seres humanos por excusas infundadas e ilógicas que no eran más que discursos de odio e intereses.

 


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