Miércoles, 27 de septiembre, 2017

La crisis alimentaria que se anunció desde que comenzó la escasez de productos básicos de la canasta básica ha causado un daño irreparable en todas las regiones del país, hay niños cuyas condiciones de vida señalan que apenas se pueden alimentar y que las enfermedades a las que se exponen no tienen un proceso de recuperación o en el peor de los casos, nunca sanan


Nuevamente en contraste con las denuncias que realizan diversas organizaciones que trabajan a favor del derecho al acceso a la alimentación en el país, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (conocida como FAO) vuelve a hacerse eco de datos a todas luces poco confiables suministrados por el Instituto Nacional de Estadísticas, resaltando “avances” en materia de alimentación que afirman que en Venezuela existen más adultos gordos y menos mujeres anémicas.

Sin embargo, la FAO a pesar de continuar con una incomprensible ambigüedad y falta de firmeza en relación con la crisis que padecen las personas en Venezuela, no logra atinar a decir cuáles son las acciones puntuales asumidas para “disminuir la desnutrición, el sobrepeso, la anemia y aumentar la prevalencia de la lactancia materna”.

 

¿Crisis sin efecto?

Tras la información publicada en el informe de la FAO, las organizaciones venezolanas solicitan a las agencias internacionales darle prioridad a la defensa de los derechos humanos en un país donde los niveles de pobreza siguen intensificándose. Por ejemplo, Cáritas Venezuela confirmó en su más reciente boletín que los niños y niñas en territorio venezolano continúan siendo las víctimas más vulnerables del hambre. La cifra de niñas y niños que presentan algún grado de desnutrición en las parroquias más empobrecidas de los estados Miranda, Zulia y Vargas aumentó de 54% a 68% entre abril y agosto de este año, resultado que indica que la tendencia se triplicó en esos cuatro meses. Se trata de un estudio estremecedor que alerta sobre cómo los niveles de desnutrición aguda, moderada y severa superan, en todos los casos, lo que se puede definir como crisis humanitaria, dejando visible la inminente emergencia humanitaria en el país.

Personas que han perdido hasta 10 kilos en lo que va de año y la palpable multiplicación de la mendicidad en todas las ciudades es notoria en la vida normal de la ciudadanía venezolana. A pesar de que no se cuenta con estadísticas oficiales, las calles hablan por sí solas: familias que se han visto obligadas a eliminar una y hasta dos comidas al día, ausentismo escolar, e infantes y adultos mayores que caen desmayados en el transporte público. Constantemente medios de comunicación denuncian cómo menores de 6 años de edad mueren de hambre.

 

Escasez y hambre

La crisis alimentaria que se anunció desde que comenzó la escasez de productos básicos de la canasta básica ha causado un daño irreparable en todas las regiones del país, hay niños cuyas condiciones de vida señalan que apenas se pueden alimentar y que las enfermedades a las que se exponen no tienen un proceso de recuperación o en el peor de los casos, nunca sanan.

Susana Raffalli, experta en el tema nutricional y miembro de Cáritas Venezuela, indicó que la nutrición se relaciona con la salud y que la fase actual de la crisis es severa por el demostrado deterioro en la disponibilidad de alimentos y la visible escasez. El acceso está restringido por días asignados de compra, las personas tienen que colocar sus huellas para adquirir productos y el desplazamiento de la red de distribución alimentaria hacia un sector público que no funciona.

“La fuerte inflación restringe el acceso económico, el poder adquisitivo del salario difícilmente cubre la canasta alimentaria. El sistema alimentario venezolano está colapsado, las personas no tienen dinero para comprar los alimentos o no los consiguen en ningún supermercado”.

 

Magia para comer

La dieta del venezolano ha sido realmente creativa y hasta mágica ya que si no tienes arroz lo reemplazas por yuca o papa, si no tienes tomate haces una ensalada de remolacha o simplemente suprimes la comida más importante del día, que es el desayuno porque es menos probable que la tradicional harina pan esté en la lacena al menos tres veces a la semana.

Yaneth Brito es secretaria y comenta que comer “es un lujo”. Tiene más de 20 años trabajando para una entidad pública y afirma que antes se endeudaba para comprar ropa o zapatos, ahora las deudas son impagables y siempre usa el dinero para comprar comida y aprovechar las ofertas que le hace un amigo que trae azúcar, mantequilla y aceite de Brasil para venderla a precios no tan solidarios.

Delia González es maestra de un colegio privado en una zona popular de Caracas, afirma que su familia ha tenido que saltarse el almuerzo para reducir de una vez por todas el consumo de carnes y pollos debido a que es muy alto el costo que tiene pagar.

“Ahora entiendo por qué a principio de año los niños se desmayaban una y otra vez, uno pierde la fuerza si no hace una comida, los niños no aguantan tanto porque se tienen que levantar muy temprano para estudiar”.

Un reto que afronta el país en materia económica y que se convierte en una etiqueta imposible de quitar. Son más las personas que pasan hambre porque no pueden comprar de manera irregular y con sobreprecio. El negocio de las carnicerías ya no da frutos en un ambiente inflacionario que te lleva a hacer magia para comer hoy porque mañana no tienes la certeza si lo podrás hacer.

 

 Foto de  joloei / Shutterstock.com