Viernes, 16 de marzo, 2018

Es importante, en esta época de crisis, dejar claro que el comportamiento de la población infantil y adolescente de un país no es la causa de los problemas de dicha sociedad sino la consecuencia


Al hacer mención, en cualquier lugar, del acoso escolar o bullying se observa que más de 90% de las personas conocen o han escuchado el termino alguna vez, llegando inclusive a generarse acalorados debates acerca de sus causas y consecuencias. Un segmento importante de la ciudadanía no lo considera un problema, se escudan tras la frase “eso les forma el carácter a los niños” o “eso es normal” y pretenden justificar o trivializar el abuso; también se encuentra el otro extremo, los que consideran a los perpetradores como unos monstruos o bestias incapaces de cambiar su agresiva conducta.

Es importante, en esta época de crisis, dejar claro que el comportamiento de la población infantil y adolescente de un país no es la causa de los problemas de dicha sociedad sino la consecuencia, es por ello, que cada Estado tiene la obligación de protegerlos en todo momento. Hay que destacar que invisibilizar el problema no lo elimina, sino que lo hace más imprevisible

 

Abordaje de los padres ante el acoso escolar

La manera de reaccionar de los padres ante este problema es muy diversa, dependiendo muchas veces del abordaje que realice en primer momento el centro educativo. Es importante tener en cuenta que el personal del centro educativo no tiene toda la responsabilidad de los problemas que surgen dentro del alumnado, la participación activa de los padres, madres, representantes y/o responsables es decisiva para la solución en el menor tiempo posible del conflicto que involucra a la víctima y el victimario o victimaria.

Sin embargo, en la práctica se observa una reacción generalizada de escepticismo o sorpresa por parte de los padres del abusador o abusadora y de los padres de la víctima. Luego, en un porcentaje importante se manifiestan episodios de ira o de llanto en dichos padres. Algo altamente preocupante es que muchas veces los padres desean resolver la situación dejando de lado a la víctima y al victimario o victimaria, sin ahondar en las causas que llevaron a dicha situación, pues no en pocas ocasiones, la principal causa que genera el abuso está en patrones nocivos presentes en el hogar y desean ocultarlo.

A través de entrevistas a diversos padres, madres, representantes y/o responsables se ha vuelto constante escuchar frases como: “Si te pegan, pega tú más duro”, “No te dejes de nadie”. “Es mejor golpear, que ser golpeado”, etc. Esto indica que la espiral de violencia no comienza en la escuela, por lo que el Estado debe potenciar campañas educativas para la sociedad en general que fomenten la convivencia pacífica desde el hogar.

De igual forma, es una petición recurrente de los representantes, retirar del recinto escolar a los involucrados por un período determinado de tiempo, pensando de forma errónea que el problema se solucionará por sí solo. En este aspecto, las autoridades competentes en el área educativa, en constante comunicación con la directiva de las instituciones, deben abordar el problema con cautela ofreciendo soluciones pacíficas donde ambas partes estén de acuerdo para garantizar el derecho humano de la educación tanto a la víctima como al victimario o victimaria.

Los padres, madres representantes y/o responsables deben realizar un abordaje efectivo, erradicando de su práctica cotidiana la violencia y el lenguaje ofensivo y velar por un entorno armonioso para sus hijos e hijas. Estoy hoy en día constituye un verdadero reto debido a que tanto el padre como la madre, pasan muchas horas al día en la calle trabajando para poder llevar el sustento al hogar.

Accionar de la escuela ante el acoso escolar

El acoso escolar es identificado en primer lugar por el o la docente de aula o alguno de los compañeros de la víctima o del victimario o victimaria. Los docentes abordan el conflicto y si no se logra una solución en ese espacio, pasa al segundo nivel donde es reportado a los coordinadores docentes, profesores guías, orientadores o personal directivo. Es decir, un entramado de personas, que en algunos casos no le dan celeridad a la respuesta que debe generarse, permitiendo así cierto grado de impunidad; pero ¿por qué ocurre eso? Muchas y muchos docentes al hablar del acoso escolar no están cabalmente formados para su abordaje porque cuando cursaron sus estudios superiores no tuvieron oportunidad de conocer las diferentes dimensiones del bullying o lo hicieron de manera superficial.

Aunado a ello, el Estado no ofrece capacitación suficiente a dicho personal para su abordaje. Esto trae como consecuencia que en los centros educativos se promueva una especie de careo entre víctima y victimario o victimaria, que lejos de solventar el problema, lo ahonda pues se sigue sometiendo a escarnio público a los involucrados. Igualmente, se establecen sanciones que no apuntan a la rehabilitación del acosador o acosadora, lo cual lesiona el derecho a una educación de calidad y sin elementos distractores.

Es esencial que se comprenda que este no es un problema que atañe solamente a la víctima y al acosador o acosadora, sino que también involucra a terceros, como observadores silentes o activos del abuso, situación que aúpa a que continúe ocurriendo. La llamada presión social que viven los y las adolescentes los hacen proclives, en la sociedad latinoamericana a que ocurran estos hechos.

Los responsables de las políticas públicas en materia educativa deben velar porque:

  • Los y las docentes reciban constante formación en materia de acoso escolar.
  • Se respete en todo momento el derecho a la educación de las partes involucradas.
  • Las sanciones que se establezcan no deben ser punitivas sino formadoras y pedagógicas.
  • Garantizar un abordaje integral entre la escuela, la familia y la sociedad.
  • Los organismos administrativos encargados del abordaje de esta problemática deben generar mecanismos para soluciones expeditas.