Viernes, 28 de septiembre, 2018

Educar no es sólo transmitir conocimientos, lo más importante es generar espacios de sana convivencia y de aprendizaje reflexivo, acompañar a pensar, fomentar una educación participativa que motive, que inspire a otros a luchar por  la igualdad, la no discriminación y el respeto


A finales del mes de julio, agosto y principios del mes de septiembre en Amnistía Internacional, de la mano del equipo de Educación en Derechos Humanos, se formaron 94 docentes como Facilitadores contra el Acoso Escolar y en Metodologías Participativas para educar en Derechos Humanos que podrán beneficiar a más de 3.700 niños, niñas y adolescentes en distintas zonas de Caracas y de diversas regiones del país.

Durante su formación, desarrollaron habilidades y competencias necesarias para generar programas educativos paralelos que busquen promover la igualdad, la dignidad y el respeto a los derechos humanos, así como a erradicar la violencia dentro de los espacios educativos donde ellos ejercen su profesión.

Existen factores sociales que dificultan y desmotivan a los docentes, aun así, estamos seguros que quienes se desempeñan en esta profesión con vocación están dispuestos a seguir luchando por la transformación de la sociedad. Los maestros con vocación creen en un futuro, en un cambio para la humanidad, en servir sinceramente sembrando semillas de amor que se transformaran en frutos; generando los cambios que tanto anhelan y saben que es en sus espacios de aula  donde pueden empezar a rescatar espacios de sano aprendizaje.

Educar no es sólo transmitir conocimientos, lo más importante es generar espacios de sana convivencia y de aprendizaje reflexivo, acompañar a pensar, fomentar una educación participativa que motive, que inspire a otros a luchar por  la igualdad, la no discriminación, el respeto, y accionar a otros a vivir en un mundo donde se garanticen los derechos humanos.

A pesar de la crisis humanitaria compleja que atraviesa nuestro país; existen docentes activos y deseosos por implementar un cambio en la colectividad, generando puentes que permitan construir una Venezuela más justa, incluyente y prospera; docentes que están dispuestos a mejorar su preparación; docentes que con amor y vocación de servicio dan lo mejor cada día.

Estamos conscientes de que el impacto de la violencia en el entorno escolar afecta el proceso pedagógico y psicológico  en las escuelas y las consecuencias ya las estamos viviendo, una de ellas la deserción escolar y sabemos de los graves problemas psicológicos que acarrea un entorno violento en la niñez y en la juventud; la forma en que son tratadas las personas en su infancia, impacta directamente la manera como vivirán y se relacionarán con los demás en las etapas de su vida. Por eso, nos alegramos de que el buen trato y la lucha en contra de la violencia escolar sea cada vez un  tema de nuestras aulas de clase.

Estos docentes llegaran a este nuevo año escolar preparados para generar metodologías de aprendizaje que faciliten la sana convivencia y la resolución pacífica de controversias en sus aulas de clase con perspectiva en derechos humanos. Sin embargo, aplicar medidas de prevención contra la violencia escolar no sólo es responsabilidad de los docentes, también es necesario que la institución educativa aplique políticas de prevención y acción en contra del acoso escolar y garanticen la sana convivencia entre los miembros de una sociedad educativa.

Los niños, niñas y adolescentes deben ser felices, sentirse, protegidos, en un entorno libre de violencia escolar; ser capaces de construir su propio aprendizaje en libertad y armonía; contar con personas que les inspiren a desarrollarse como ciudadanos de modo que les interese el país y su misión en el mundo; que les incentive desde pequeños a  pensar y actuar con ética, a desarrollar competencias y a trabajar en equipo. El inicio de un nuevo año escolar es una oportunidad muy valiosa para muchos niños y niñas ya que en las aulas encontraran herramientas para su vida y, aunque la situación país nos plantee escenarios difíciles, la educación genera la oportunidad de desarrollar nuevas formas de vivir unos con otros y en armonía con el planeta; más aún si se les ofrece a los niños y niñas un ambiente libre de violencia lleno de amor y protección.

En este sentido,  Los Estados tienen la obligación de brindar las condiciones estructurales y académicas  para que los niños y niñas puedan disfrutar de una educación libre de violencia y garantizar que las educadoras y los educadores cuenten con las herramientas necesarias; sueldos y condiciones dignas, para llevar a cabo su trabajo en armonía, así como capacitarles y evaluarles con el fin de asegurarse que la educación derecho humano fundamental está siendo impartida correctamente.

 

Foto: ShutterStock