Martes, 05 de mayo, 2026
Galvis Cárdenas, Oscar Guillermo
Desde dentro y fuera de las fronteras venezolanas, cuatro destacados comunicadores sociales analizaron la coyuntura actual de la profesión, los desafíos, las estrategias, formas de seguir ejerciendo el periodismo ante la censura y la represión y mantener viva la llama del derecho a la información
En el marco del Día Mundial de la Libertad de Prensa, un grupo de periodistas venezolanos analizó los desafíos del rol, la coyuntura, las estrategias y acciones que se impulsan desde diferentes espacios para mantener viva la profesión.
El webinar “Redes Transfronterizas: Periodismo en Venezuela y el exilio” fue organizado por Amnistía Internacional Venezuela y conducido por Nastassja Rojas Silva, directora adjunta para AI Venezuela en Colombia.
Se contó con la participación de Valeria Pedicini, representante de la Red de Periodistas Venezolanas, Carlos Correa, director de la ONG Espacio Público, Luz Mely Reyes, cofundadora del portal de noticias Efecto Cocuyo y Carlos Julio Rojas, periodista, defensor de derechos humanos y creador de la organización Frente Norte Caracas.
Con ellos se tuvo la posibilidad de tener un panorama completo a partir de sus análisis y experiencias.
Valeria Pedicini señaló que la Red de Periodistas Venezolanas, formada por más de 200 periodistas que se encuentran en Venezuela y el exterior, nace por la necesidad de ampliar los espacios de formación, oportunidad y de cuidado, mientras en el país se censura y cierran medios de comunicación.
“Hubo que reinventarse, crear nuevas formas de comunicación (…) para romper el aislamiento” impuesto desde las instancias de poder. La situación de represión contra los periodistas en Venezuela ha obligado a esta
Red a reforzar protocolos de autocuidado y seguimiento en la reportaría de calle; además de buscar alianzas para usar un sistema de VPN que permita combatir los bloqueos en internet.
Pedicini también destacó el trabajo en cooperación que se realiza entre mujeres periodistas dentro del país y fuera de él. Todo ello implica que las profesionales venezolanas tienen que ejercer “un trabajo trasnacional para sostener agendas y distribuir los riesgos”. La práctica de levantar la noticia y no firmarla o enviarla a una colega en el exterior para que la difunda es cada vez más frecuente.
Por su parte, Carlos Correa de Espacio Público explicó que ante “una arquitectura de poder” que “constriñe” la labor periodística de forma directa o a través de un marco amplio regulatorio y normativo, hay “un ecosistema más reducido de medios de comunicación. Esto ha llevado a las personas a consumir más redes sociales para mantenerse informada.
Desde su organización se ha podido hacer seguimiento exhaustivo al impacto de las políticas aplicadas para frenar la labor periodística en Venezuela.
Y señala que "el periodismo venezolano ya no se divide entre los que están dentro y los que están fuera. Básicamente hay un ecosistema transfronterizo que opera con mucha presión", pero que sigue generando información.
Todo ello enmarcado en que “en los últimos 20 años han cerrado aproximadamente 400 medios de comunicación en el país”.
Durante el webinar, al ser consultada sobre cómo superar los obstáculos del periodismo venezolano —tanto interno como en el exilio—, Luz Mely Reyes destacó el papel de la tecnología. Según explicó, los avances digitales han permitido que los periodistas desplazados sigan vinculados a su oficio, dedicando la mayor parte de su jornada a producir, investigar y curar información sobre el país, venciendo así la barrera de la distancia.
Explicó que, lamentablemente, la prensa se ve atacada en muchos países de la región. “Las estructuras autoritarias han obligados a muchos periodistas de Nicaragua, Cuba, Venezuela y El Salvador a migrar. Sin embargo, ellos siguen buscando la manera de mantener en agenda mediática lo que sucede en sus países”.
A su juicio, para sostener en “agenda el tema Venezuela” es necesario mantenerse en lo clásico: haciendo más y mejor periodismo, por un lado, y “articular alianzas”, por el otro, para poder llegar a las audiencias.
Carlos Julio Rojas, quien combina la faceta de comunicador social con la de defensor de los derechos humanos, agregó que, desde su visión, la labor periodística se debe seguir haciendo de la mano de las comunidades. “El periodismo ciudadano ha cobrado una relevancia vital en Venezuela ante el colapso de los servicios públicos. Al día de hoy, la precariedad es tal que persisten zonas del país donde los ciudadanos acumulan más de un mes sin suministro de agua potable”.
Eso significa “ser la conexión entre la comunidad y nosotros (los periodistas). Y agrega que, en línea con postulados de Amnistía Internacional, también implica una organización ciudadana para hacerse sentir en sus necesidades y presionar por buscar soluciones.
Por el otro, servir “de megáfono” de las denuncias de la comunidad ayuda a resolver problemas “y mejorar la calidad de vida” de los propios ciudadanos. “Un post, un tweet, un artículo que publiquemos le puede cambiar la vida en una comunidad, podemos salvar vidas”.
El panorama de la libertad de expresión en Venezuela sigue enfrentando muchos retos. Entre bloqueos digitales, persecución judicial y el exilio forzado, el ejercicio informativo se ha convertido en un acto de resistencia heroico.
Informar en Venezuela hoy es navegar un laberinto de riesgos donde la verdad es el objetivo más perseguido. No obstante, la labor de quienes aún reportan desde la precariedad y el miedo demuestra que el ejercicio del periodismo sigue buscando la manera de prevalecer. La libertad de prensa en el país no ha muerto; se ha transformado en un refugio de resistencia que aguarda, con cada nota y cada denuncia, el retorno de la luz informativa plena y libre.