Viernes, 17 de julio, 2026
Tres años después de firmar un memorándum de entendimiento para reforzar la cooperación migratoria con Túnez, el apoyo sin control de la Unión Europea (UE) a Túnez para el control fronterizo en el país sigue alimentando graves violaciones de derechos humanos contra personas migrantes, solicitantes de asilo y refugiadas. Así lo ha manifestado Amnistía Internacional hoy.
La Comisión Europea y Túnez firmaron el acuerdo el 16 de julio de 2023, a pesar de que se había documentado clara y públicamente un fuerte deterioro de la situación de los derechos humanos en el país, incluidos insultos racistas y expulsiones colectivas ilegales por parte de las autoridades, que a menudo incluían tortura y malos tratos.
Desde entonces, a pesar de que estas violaciones de derechos humanos han continuado y de que en 2024 se desmanteló el sistema de asilo, eliminando la única vía de protección, las autoridades de la UE y sus Estados miembros han mantenido un firme compromiso de reforzar esa cooperación, y han celebrado la considerable reducción resultante de las salidas irregulares desde Túnez, mientras han eludido poner en práctica medidas rigurosas y creíbles de diligencia debida, o incluir una vigilancia efectiva y transparente o unas condiciones relativas a los derechos humanos.
“A pesar de las pruebas bien documentadas de violaciones de derechos humanos contra personas refugiadas y migrantes en Túnez, la UE ha apartado la vista y ha firmado el memorándum de entendimiento sin incluir unas salvaguardias efectivas de derechos humanos. Desde entonces, la UE ha celebrado como un éxito esta cooperación migratoria, pese a la documentación cada vez más abundante que indica que las autoridades tunecinas siguen sometiendo a las personas refugiadas y migrantes a graves violaciones de derechos humanos. Esas violaciones han incluido interceptaciones marítimas peligrosas que han puesto vidas en peligro, falta de evaluación individual de las necesidades de protección de quienes desembarcan en Túnez, y expulsiones colectivas ilegales que han implicado tortura y otros malos tratos, incluida la violación sexual”, ha manifestado Heba Morayef, directora regional de Amnistía Internacional para Oriente Medio y el Norte de África.
Habida cuenta de la magnitud y la severidad de las violaciones de derechos humanos que se están cometiendo, y de la falta de vías de protección y de acceso al asilo, está claro que Túnez no puede considerarse un país seguro.
Heba Morayef, Amnistía Internacional
“Habida cuenta de la magnitud y la severidad de las violaciones de derechos humanos que se están cometiendo, y de la falta de vías de protección y de acceso al asilo, está claro que Túnez no puede considerarse un país seguro. La UE debe actuar urgentemente para suspender la cooperación sobre el control fronterizo con Túnez e implementar salvaguardias estrictas, creíbles y efectivas de derechos humanos.”
En septiembre de 2025, la UE entregó dos nuevos barcos de búsqueda y salvamento a Túnez, y en junio de 2026 la presidenta de la Unión Europea, Ursula von der Leyen, anunció la entrega de tres más, en una carta filtrada a los Estados miembros de la UE, en la que destacaba una reducción del 97% de las llegadas irregulares a Italia desde 2023.
En abril de 2026, en respuesta a una solicitud presentada por Amnistía Internacional basada en el derecho de petición de información, la Comisión reveló que Túnez y otros países se beneficiarían de un paquete de apoyo para la migración de 675 millones de euros entre 2025 y 2027.
En noviembre de 2025, Amnistía Internacional publicó un detallado informe en el que documentaba la magnitud y la gravedad de las violaciones de derechos humanos descritas más arriba. Esas violaciones han continuado, y las autoridades tunecinas no han restaurado el acceso a los procedimientos de asilo.
Interceptación en el mar y expulsión ilegal
Recientemente, la organización habló con siete personas solicitantes de asilo que fueron interceptadas en el mar ante la costa de la ciudad oriental de Sfax y luego fueron sometidas a expulsiones colectivas ilegales a Libia o Argelia entre diciembre de 2025 y abril de 2026.
Amin, de Sudán, e Ibrahim, de Camerún, ambos solicitantes de asilo, describieron cómo la guardia costera tunecina los había interceptado en el mar en febrero y marzo de 2026, respectivamente, y luego la Guardia Nacional los había expulsado a Libia junto con decenas de personas para ser detenidas o liberadas a cambio de un rescate.
Amin dijo: “La guardia costera [tunecina] estuvo dando vueltas y vueltas alrededor de nuestra embarcación, formando olas, hasta que volcamos […] Éramos 38 personas, con niños, y todos caímos al agua sin chalecos salvavidas. Creo que se ahogaron quizá 20 personas […] [La guardia costera] sólo recogió a los supervivientes […] El recuerdo de aquel momento aún me impide dormir.”
Ibrahim contó: “[Tras nuestro desembarco, los agentes de la Guardia Nacional] nos dieron patadas y nos golpearon con tubos negros, para castigarnos por habernos echado al mar […] Nos llevaron a un puesto cerca de la frontera con Libia, donde golpearon a todo el mundo con barras de hierro durante al menos 20 minutos; casi me rompieron la mano […] Terminamos en el centro de detención [libio] de Al Assah.”
Khedija, solicitante de asilo de Eritrea y madre soltera de tres hijos, relató cómo la interceptaron en abril de 2026 antes de que la Guardia Nacional las expulsara colectivamente a ella y a otras personas a Libia:
“En el puerto nos quitaron todas nuestras pertenencias; un agente me abofeteó porque no quería darle mi teléfono […] Nos hicieron desnudarnos en el exterior, me registraron por dentro por delante y por detrás […] A los hombres los golpearon, les dieron patadas y puñetazos mientras tenían las manos atadas […]”
“Por la noche nos llevaron a un puesto [de la Guardia Nacional] en el desierto, y estuvimos allí tres días […] No teníamos leche ni pañales para los bebés, teníamos que dejarlos sucios […] Los agentes [de la Guardia Nacional] obligaban a los hombres a hacer flexiones durante mucho tiempo cada día, mientras repetían “nada de personas negras en Túnez”; si se detenían, los golpeaban […] [En Libia] unos hombres armados me dieron latigazos todos los días para que pagara un rescate, hasta que otra mujer me ayudó a pagarlo.”
Las medidas de vigilancia anunciadas o adoptadas por la UE hasta el momento no han dado lugar a mejoras para las personas refugiadas y migrantes.
Desde 2023, la Comisión anunció que se pondrían en práctica “mecanismos de vigilancia específicos”, pero no ha proporcionado información sobre cómo funcionarían ni detalles sobre su mandato, sus recursos o sus conclusiones.
La Comisión informó también a Amnistía Internacional en su respuesta de abril de 2026 de que había finalizado un “procedimiento interno para gestionar denuncias de quejas relativas a los derechos humanos”. No obstante, aún no se ha hecho pública la información sobre este procedimiento, sobre el número de denuncias recibidas o sobre su resultado. En abril de 2025, la Comisión emitió también una guía interna sobre derechos humanos para los programas migratorios externos financiados por la UE; sin embargo, el documento no está a disposición pública, lo que suscita dudas sobre su impacto efectivo y su implementación.
“Las historias que escuchamos de personas refugiadas, solicitantes de asilo y migrantes atrapadas en Túnez ponen de manifiesto el coste humano de la asociación migratoria entre la UE y Túnez, que consiste en contener más que en proteger. La UE no puede seguir mirando a otro lado mientras elude sus obligaciones en materia de derechos humanos y su cooperación en materia de migración sigue alimentando esas graves violaciones de dichos derechos. Hay que poner fin a esta cooperación sobre el control fronterizo”, ha manifestado Heba Morayef.