Jueves, 09 de marzo, 2017

“2016 fue un año en el que la idea de dignidad e igualdad humanas, el concepto mismo de familia humana, fue objeto de un ataque intenso e implacable en forma de discursos acusatorios, basados en el miedo y la búsqueda de chivos expiatorios, propagados por quienes querían tomar el poder o aferrarse a él casi a cualquier precio.” 


“2016 fue un año en el que la idea de dignidad e igualdad humanas, el concepto mismo de familia humana, fue objeto de un ataque intenso e implacable en forma de discursos acusatorios, basados en el miedo y la búsqueda de chivos expiatorios, propagados por quienes querían tomar el poder o aferrarse a él casi a cualquier precio.” 

Salil Shetty, Secretario General de Amnistía Internacional.

El pasado  miércoles 22 de febrero Amnistía Internacional realizó el lanzamiento de su informe anual sobre el estado de los derechos humanos en el mundo, en el prólogo de dicho informe el Secretario General de Amnistía introduce el tema de la retórica del miedo, la acusación y el odio debido a las estrategias discursivas utilizadas por Donald Trump durante su campaña electoral y por diferentes líderes populistas alrededor del mundo.

El populismo suele ser visto como una herramienta de inclusión y fomento de reivindicaciones donde se busca llegar mediante discursos y acciones puntuales a sectores marginados de la sociedad; dicha herramienta ha tenido éxito a lo largo de los años por esa misma idea de reivindicación y cambio. Si repasamos la historia latinoamericana o leemos sobre los fenómenos políticos vigentes veremos que, en la práctica, el populismo busca mover voluntades y generar apoyo masivo para así respaldar determinadas acciones e ideales. Lamentablemente, los hechos nos muestran esta forma de hacer política como un conjunto de acciones marcadas por ejes negativos que buscan señalar culpables y definir en el imaginario de las sociedades a grupos concretos de personas como una amenaza para los intereses de un determinado Estado.

Resulta de vital importancia analizar cómo la retórica del miedo, la acusación y el odio ponen en riesgo la visión de una sociedad abierta basada en la igualdad. Por un lado, es innegable la necesidad de que se reivindiquen derechos y se incluya a todos los sectores de la sociedad en las dinámicas utilizadas por los distintos gobiernos para formular, generar y aplicar sus políticas públicas para garantizar la participación y la representación; por otro lado, es básicamente incompatible que estas ideas reivindicadoras e inclusivas puedan tener éxito cuando se utilizan herramientas de descalificación y exclusión. Aparece así el temor de que se busque promover y establecer como positivas las distintas herramientas utilizadas por los líderes populistas cuando estas resultan de la intimidación, la discriminación y la promoción de acciones que atentan contra las libertades fundamentales de otras personas o grupos de la sociedad.

Los activistas de Amnistía Internacional buscamos promover la tolerancia y la integración como bases fundamentales para que todas las personas pongamos en marcha nuestras capacidades con la finalidad de sumar a la construcción de soluciones y/o procesos que reivindiquen derechos y promuevan la participación; considerando como punto de partida la aceptación de la diversidad como característica inherente al ser humano que enriquece y fortalece los cursos de acción que se pueden tomar para atender las diversas problemáticas que enfrentamos.

Finalmente, con el balance que nos deja el año pasado en lo que a discursos que resaltan y promueven valores negativos concierne, resulta de suma importancia que todxs recordemos que "El mundo puede cambiar, pero no va a cambiar solo." Es nuestra labor y nos concierne a todxs impulsar la tolerancia y el respeto a la hora de relacionarnos para así contribuir en la construcción de un mundo donde todos podamos disfrutar de todos los derechos.