EL HAMBRE Y LA EDUCACIÓN

Jueves, 11 de mayo, 2017
Por: Ramos, Jorgen

La mayoría de las personas entiende de forma intuitiva la sensación física de tener hambre. Pero los especialistas que trabajan en cuestiones relacionadas con el hambre han elaborado una serie de términos y conceptos técnicos para ayudarles a describir y abordar mejor el problema.


    La mayoría de las personas, cuando piensan en el hambre, se centran en el modo en que ésta se manifiesta físicamente: la extrema delgadez de las poblaciones afectadas por la hambruna o la pequeña estatura de las que sufren malnutrición crónica. Sin embargo, para quienes sobreviven a este flagelo, las secuelas más dañinas sean quizá las que conciernen al aprendizaje. Sufrir hambre durante el período de la infancia puede provocar un retraso mental irreversible y una disminución del coeficiente de inteligencia (CI) y de la capacidad de aprendizaje. Los efectos son trágicos para las personas, e impresionantes para los países. Por ejemplo, se estima que el CI medio de la población de más de 60 países es entre 10 y 15 puntos inferior a la puntuación que podrían tener, debido sólo a las carencias de yodo.

Las repercusiones son especialmente importantes por la doble relación existente entre el hambre y el aprendizaje. El hambre dificulta el aprendizaje en todas las etapas de la vida y, sin embargo, el aprendizaje es un medio eficaz para hacer frente al hambre. Se puede crear un círculo vicioso: los niños que padecen hambre llegan a ser adultos con trastornos y con oportunidades y capacidades limitadas que terminan teniendo hijos que pasan hambre. Este círculo, que menoscaba el desarrollo humano y económico, puede no obstante romperse mediante la combinación de una buena alimentación y la mejora del aprendizaje de modo que ambos se refuercen mutuamente de una generación a otra y posibiliten el desarrollo de los países a largo plazo

 

La UNICEF y lo que definen como hambre

La mayoría de las personas entiende de forma intuitiva la sensación física de tener hambre. Pero los especialistas que trabajan en cuestiones relacionadas con el hambre han elaborado una serie de términos y conceptos técnicos para ayudarles a describir y abordar mejor el problema. Lamentablemente, existen ciertas discrepancias sobre el significado de esos términos y la relación que guardan entre ellos. No se pretende con ello decir que ése sea su único uso "correcto", pero sí ofrecer una manera relativamente clara y coherente de entender los problemas.

  • Hambre: Situación en que se hallan las personas que carecen de los nutrientes necesarios (proteínas, energía, y vitaminas y minerales)1 para llevar una vida plenamente productiva, activa y sana. El hambre puede constituir un fenómeno de breve duración o un problema crónico. Puede presentar distintos grados de gravedad, del hambre moderada a un estado clínico, y puede ser una consecuencia de la escasa ingesta de nutrientes o de la incapacidad del cuerpo para absorber los nutrientes necesarios.
  • Malnutrición: Estado clínico en el que las personas sufren carencias nutricionales (desnutrición) o bien un exceso de ciertos nutrientes (hipernutrición).
  • Desnutrición: Forma clínica de hambre provocada por carencias graves de uno o varios nutrientes (proteínas, energía, vitaminas y minerales). Las carencias impiden a una persona mantener adecuadamente las funciones orgánicas, como son el crecimiento, el embarazo, la lactancia, el trabajo físico, la función cognitiva y la resistencia a las enfermedades y la recuperación de las mismas.
  • Subalimentación: Situación de las personas cuyo consumo de energía a través del régimen alimentario se mantiene continuamente por debajo del mínimo necesario para llevar una vida plenamente productiva, activa y saludable. Se determina empleando un indicador indirecto que calcula si los alimentos disponibles en un país son suficientes para satisfacer las necesidades de energía (no de proteínas, vitaminas y minerales) de la población. Al contrario que en la desnutrición, con este indicador no se mide un efecto en sí.
  • Hambre transitoria: Una forma transitoria de hambre que puede afectar a la capacidad física y mental durante períodos de tiempo cortos. Se suele referir a los escolares que no han desayunado o han caminado un largo trecho hasta la escuela con el estómago relativamente vacío.
  • Seguridad alimentaria: Situación en la que todos los miembros de una población están en todo momento amparados contra el hambre, esto es, disponen de alimentos suficientes para ingerir los nutrientes necesarios (proteínas, energía, vitaminas y minerales) para llevar una vida plenamente productiva, activa y sana

 

Repercusiones del hambre en el aprendizaje

El hambre repercute indudablemente en el nivel de desenvolviendo de la ciudadanía en la sociedad, dependiendo, de la etapa de la vida, esta va a tener diversas repercusiones. Es importante que cada Estado comprenda que con hambre una población no puede alcanzar la plenitud en su desarrollo en los diversos ámbitos de la vida. Las madres embarazadas de los países en desarrollo sufren con frecuencia este tipo de carencia (como el resto de la población) ya que no hay suficiente yodo en el suelo y el agua de la zona donde viven y, por tanto, tampoco en sus alimentos. Si la carencia se produce en las primeras etapas del embarazo, puede provocar a veces cretinismo, una forma de retraso mental severa.

Primera infancia: El hambre en esta etapa de la vida, cuyos signos son bajo peso al nacer, trastornos del crecimiento y carencias nutricionales, pueden dañar la capacidad de aprendizaje básica de una persona. El hambre también puede limitar las oportunidades de los niños pequeños de investigar el mundo que les rodea (por ejemplo, para recibir estimulación) y de concentrarse en esas interacciones (por ejemplo, aprovechar esas oportunidades).

Edad escolar: En esta etapa de la vida, la carencia de vitaminas y minerales puede limitar la futura capacidad de aprender (por ejemplo, afectando a las características básicas del educando y, por consiguiente, a su capacidad para aprovechar en el futuro las oportunidades de aprendizaje). El hambre también reduce las oportunidades de aprender en la escuela, dando lugar a índices de matrícula, asistencia y retención escolar bajos (esto es, acceso limitado) y disminuyendo la capacidad de atención (es decir, incapacidad para aprovechar plenamente la oportunidad).

Edad adulta: El hambre en la edad adulta no afecta a la capacidad intelectual básica, pero sí reduce las oportunidades de aprender aumentando el coste de oportunidad de participar en las actividades pedagógicas (es decir, limitando el acceso) y disminuyendo la capacidad de atención (esto es, afectando a la capacidad de aprovechar las distintas oportunidades).

 

Repercusiones del aprendizaje en el hambre

Desarrollar procesos de aprendizaje sostenibles a lo largo de la vida, puede generar herramientas a la ciudadanía para en un futuro mitigar el hambre, para ello son necesarias políticas públicas en materia educativa fomentadas por el Estado, donde entre las diversas áreas de aprendizaje que se desarrollen, se genere un espacio para la enseñanza de artes u oficios.

Primera infancia: El aprendizaje en este período no permite reducir directamente el hambre, sino que sienta las bases cognitivas fundamentales para aprender en el futuro a hacer frente al hambre (por ejemplo, mejorar la disponibilidad de nutrientes, el acceso a ellos y su utilización). Una estimulación insuficiente en este período comprometerá estas bases cognitivas.

Edad escolar: En este período, el aprendizaje sigue reforzando las bases cognitivas que permitirán más tarde en la vida mejorar la disponibilidad de nutrientes, el acceso a ellos y su utilización. Asimismo, permite adquirir habilidades y conocimientos relativos a la salud, el saneamiento y la nutrición (todos los cuales están relacionados con una mejor utilización). Sin este aprendizaje, se verá afectada la capacidad actual y futura de un niño para hacer frente al hambre.

Edad adulta: El aprendizaje en esta etapa crea oportunidades para adquirir y aplicar habilidades y conocimientos que permitan aumentar la producción (esto es, mayor disponibilidad), mayores ingresos (es decir, mejor acceso a los nutrientes), mejores prácticas nutricionales (esto es, mejor utilización) y mejor salud y saneamiento (es decir, mejor utilización). Estos conocimientos permiten a los padres mejorar las condiciones para ellos mismos y para la siguiente generación. Sin embargo, sin este aprendizaje, la falta de conocimientos llevará a que tanto los adultos como sus niños padezcan más hambre.

Es indudable la relación existente entre el hambre, la desnutrición y su impacto en el proceso de enseñanza aprendizaje, también es importante dejar claro que este problema no será solucionado por el Estado, implementando solamente comedores en los centros educativos, pues se debe orientar al verdadero disfrute de una seguridad alimentaria que debe garantizar dicho Estado, en todos los rincones de su territorio

Fuentes consultadas:

  • https://www.unicef.org/lac/Informe_hambre_2006_completoSpa(1).pdf
  • https://www.entreculturas.org/noticias/el-hambre-una-amenaza-para-la-educaci-n
  • Imagen de Riccardo Mayer /shutterstock.com


Tags: Educación, Hambre, EDH, Aprendizaje.

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