Miércoles, 26 de junio, 2019

En más de 140 países de todo el mundo, hombres, mujeres y niños padecen el execrable crimen de la tortura. Son torturados en prisiones, comisarías de policía, cuarteles del ejército, en las calles, en hospitales, en centros de detención clandestinos, en escuelas e incluso en sus hogares


En los últimos 50 años, la lucha contra la tortura ha sido uno de los principales temas de interés del derecho relativo a los derechos humanos. El primer texto jurídico internacional para prohibir específicamente la tortura  fue la Declaración Universal de Derechos Humanos. El primer tratado para prohibir la tortura, el Convenio Europeo de Derechos Humanos que se aprobó poco después, en 1950. En el año 1984, la Convención contra la Tortura de las Naciones Unidas se convirtió en el primer instrumento internacional vinculante exclusivamente dedicado a la lucha contra una de las violaciones de derechos humanos más graves y frecuentes de nuestro tiempo.

El Día Internacional en Apoyo de las Victimas de la Tortura es una ocasión para recalcar el derecho internacionalmente reconocido de todas las personas a vivir libres de la tortura. Es una oportunidad para reafirmar nuestra decisión colectiva de prohibir la tortura y todos los tratos o castigos físicos o mentales, para obtener una información, una confesión o castigarla por cualquier actuación que hay realizado, siempre que sean infligidos por un funcionario público o una persona autorizada.

El artículo 1 de Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes reza:

“A los efectos de la presente Convención, se entenderá por el término "tortura" todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia. No se considerarán torturas los dolores o sufrimientos que sean consecuencia únicamente de sanciones legítimas, o que sean inherentes o incidentales a éstas.”


En más de 140 países de todo el mundo, hombres, mujeres y niños padecen el execrable crimen de la tortura. Son torturados en prisiones, comisarías de policía, cuarteles del ejército, en las calles, en hospitales, en centros de detención clandestinos, en escuelas e incluso en sus hogares. Entre la aparentemente interminable lista de métodos de tortura reportados en el mundo están las palizas, las descargas eléctricas, las quemaduras, las cortaduras, los ahogamientos simulados, las amenazas de asesinato contra los familiares, la privación de alimentos, sueño y medicamentos, la mutilación, la violación y los simulacros de ejecución.

Con la tortura se intenta destruir a la persona entera, acabar con su identidad y romper sus vínculos con la familia y la comunidad. La tortura puede ocasionar daños físicos permanentes y dejar secuelas psicológicas, además de enfermedades crónicas como el trastorno por estrés postraumático y la depresión profunda. Las víctimas de la tortura suelen reportar a menudo cefaleas severas, incapacidad para dormir, pensamientos suicidas, temor y desconfianza, lo que les dificulta mantener relaciones sociales, trabajar y funcionar en sociedad.


La recuperación tras la tortura exige programas rápidos y especializados. Sin embargo, la rehabilitación es posible, con la ayuda de médicos, abogados, terapeutas y trabajadores sociales que día a día trabajan con las víctimas de la tortura, incluso con niños y adolescentes. La labor de los centros de rehabilitación y de organizaciones del mundo entero ha demostrado que las víctimas pueden completar la transición que las lleva de la agonía a un estado normal.

Entre los muchos daños ocasionados a las víctimas de tortura que jamás podrá ser recuperado se encuentra el tiempo. La situación de encarcelamiento priva también a algunos de ejercer roles parentales en las primeras etapas del desarrollo de sus hijos. Quizá hoy cuando los ex presos realizan balance de sus vidas, sopesan la distancia que se produjo en estos vínculos. La prisión impuso una distancia profunda entre padres e hijos, muchos nunca pudieron recuperar el tiempo perdido.

Es posible que muchos padres o madres al ser liberados hayan tenido serias dificultades para cuidar y sostener material y afectivamente a sus hijos, por los daños físicos y emocionales que dejó en ellos el encarcelamiento.

La necesidad de la responsabilidad de los Estados en brindar ayuda psicológica a las victimas demuestra que lo traumático no conoce de temporalidades, que la aplicación sistemática de torturas, ocasiona daños que pueden producir efectos en diferentes momentos de la vida. A su vez, hay daños o re-victimizaciones que se continúan a través de la impunidad, y la negación de la gravedad de estos atroces crímenes.

La corrupción, las violaciones masivas de derechos, los crímenes de lesa humanidad, la falta de institucionalidad e independencia de los poderes públicos y sus instituciones, y la manipulación que ellas ejercen para violar sistemas legales vigentes y ser usados a favor del mandatario de turno, son hoy, el mal que camina por el Continente Americano. Denunciarlo y prevenirlo debe ser la misión. Ejemplo que se contempla hoy día de torturas son Nicaragua y Venezuela.

Caso Nicaragua y Venezuela

Nicaragua es hoy tierra de nadie. La persecución sistemática contra la población en general, contra jóvenes que lideraron las manifestaciones, clérigos de la Iglesia Católica, Medios de Comunicación y Organizaciones de derechos humanos que han documentado y denunciado la represión, se hace cada vez más intensa y peligrosa. Los grupos civiles armados de su actual mandatario, actúan conjuntamente con la Policía Nacional, secuestrando personas a las que van a buscar a sus casas, metiéndose en los pueblos, fuertemente armados, para realizar operaciones de rastreo e inteligencia, aterrorizando a sus habitantes. La CIDH ha presentado informes sobre la situación, resaltando que “La situación en Nicaragua continúa generando gran preocupación, con una falta de acceso continua para observadores confiables de derechos humanos, un aumento de la represión sistemática y una retórica cada vez más hostil del gobierno hacia la población de Nicaragua y la comunidad internacional”.

Las distintas organizaciones que hoy ilegaliza ese régimen, indican que fueron más de 500 las personas asesinadas, que actualmente hay más de 600 presos políticos, múltiples denuncias de torturas, decenas de desaparecidos, y ninguna investigación seria contra funcionarios policiales por desapariciones forzadas y torturas en las cárceles de ese país.

Venezuela y la grave crisis humanitaria que genera desestabilización en todo el continente. Mil quinientos venezolanos están saliendo diariamente del país, más de 900 presos políticos llenan las cárceles, incluyendo oficiales militares. Cientos de torturados, decenas de ciudadanos sometidos a desaparición forzada, políticos y diputados presos, perseguidos y sometidos a continuo acoso, son parte de la represión sistemática que mantiene el gobierno de Nicolás Maduro para permanecer en el poder. La muerte por hambre y por falta de medicinas, tratamientos para los enfermos, podría ser comparado por los métodos y formas, con el Genocidio Ucraniano provocado por Stalin, resultado de políticas y acciones crueles por parte del régimen para ejercer el control social a través del acaparamiento del sistema productivo y distribución de los “alimentos” y la manipulación de la salud de los venezolanos.

Debemos desde dimensiones institucionales,  fortalecer mecanismos de prevención y sanción de la tortura, sensibilizar a la sociedad sobre la necesidad de erradicar definitivamente la tortura en cualquier área.

 

#StopTortura