Jueves, 27 de mayo, 2021

Muchas de las conductas que caracterizan a  las relaciones amorosas, que identificamos y, normalizamos como muestras de amor o preocupación a partir de estereotipos sociales son muestras sutiles de violencia, que podrían derivar en graves consecuencias, y más para jóvenes sin educación o herramientas para afrontarla.


La violencia puede manifestarse de muchas maneras, en toda esfera social o nacional, bajo diversas circunstancias, con distintos motivos, trayendo como consecuencia una gran cantidad de cosas negativas. Aunque muchas veces el enfoque hacia la prevención de la violencia es  hacia la sufrida por niños, en el matrimonio y/o por temas racistas o discriminatorios, en este blog conviene hacer especial referencia a la violencia en el noviazgo, es decir, la que sucede en toda relación amorosa entre dos personas, con la posible intención de desarrollar una vida conjunta y compromisos mayores como el matrimonio.

Cuando hablamos de violencia en relaciones amorosas resulta preocupante la sutileza con la que se presenta pues, en base a estereotipos y costumbres sociales, tendemos a normalizar conductas agresivas o confundirlas con manifestaciones de amor, ternura, preocupación o socorro entre los miembros de la pareja. Pero la verdad es que esos pequeños detalles que pueden ser considerados “normales” son el germen de un ciclo de violencia que podría avecinarse y que traen como consecuencia daños psicológicos y físicos, como depresión, temor constante, daño físico, disminución de la adaptabilidad social, problemas de autoestima, violencia sexual, entre otros.

Se supone que el noviazgo, considerando que en su mayoría son jóvenes los partícipes de este tipo de relaciones, supone el momento en el que las partes deben conocerse, aprender uno del otro, convivir, descubrir emociones e incluso, identificar sus preferencias sexuales y físicas. Evidentemente todas las etapas mencionadas presuponen la creación de una relación donde se cultiva confianza y respeto pero, ¿siempre estos dos valores se limitan entre sí o hay casos en donde uno limita al otro en mayor proporción?

Como manifestación o evidencia de sentido del humor o de emociones, como las enunciadas anteriormente, pueden surgir conductas que en primera instancia no parecen actos violentos, como una palmada, un empujón o, de índole psicológico, chantajes y celos. Sin embargo, aunque muchos descalifiquen esto como tal, constituyen manifestaciones incipientes de violencia y/o manipulación psicológica en el noviazgo.

Este tema es de suma relevancia -aunque no sea lo suficientemente tratado- en razón de que es necesario educar y alertar a las personas al respecto, en especial a los jóvenes, para poder prevenir y detener lo que podría derivar en relaciones violentas permanentes. Evitar esto no solo se encuentra ligado al cese de actos violentos de índole sexual, psicológico o verbal, sino que además se vincula con el libre desarrollo de los derechos fundamentales de las partes de la relación, el establecimiento de relaciones de igualdad, respeto y corresponsabilidad, así como en la deconstrucción de roles de género marcados y transmitidos socialmente que propician muchas de estas actitudes indebidas e influencian a las relaciones amorosas de los adolescentes, como lo puede ser la creencia de que quien te cele se preocupa por ti- cuestión de la que he sido testigo en mi grupo social cercano- o que las relaciones sexuales entre novios son la regla.

Los cambios sociales en la materia son sumamente necesarios por la sencilla razón de que la sutileza con la que puede manifestarse la violencia en el noviazgo es impresionante, de manera que, muchas veces, ni siquiera es percibido por las victimas ni por quienes ejercen la violencia sino que es confundida con las manifestaciones de amor o interés precitadas. En este sentido el Instituto Estatal de las Mujeres de México, es su “Manual para la Prevención de la violencia: Amor y Violencia en el Noviazgo”, elaborado por la psicóloga Liliana del C. Aguilar Zenteno, expone, mediante un esquema, los mitos y realidades de muchas de las dinámicas o conductas socialmente aceptadas que constituyen indicios de relaciones donde no impera la igualdad, comunicación y/o respeto, entre las que destacan:

  • El mito de que quien te cela y pretende decidir sobre tu vida es porque te ama, frente a la realidad de que los celos y el control no son una expresión de amor;
  • El mito de que los hombres son los que deben iniciar los acercamientos sexuales, en contraste con la realidad de que tanto los hombres como las mujeres pueden iniciarlos y tienen el derecho de decidir si acceder o no a los mismos;
  • El mito de que la sumisión es la solución a la violencia;
  • La realidad de que la forma de vestir de una persona no es un indicador de su carácter ni otorga el permiso para acosarla o irrespetarla.

Siguiendo con la línea discursiva, es necesario educar y concientizar respecto a la violencia en el noviazgo, empezando por identificar los aspectos de convivencia sana que deben imperar en las relaciones, empezando por la comunicación, entendiendo que de esta y demás prácticas que surgen de ella, como la negociación, pueden ser evidenciados los deseos de las partes involucradas, como por ejemplo, la manifestación de consentimiento, gustos, intereses y valores.

La sumisión en una relación no es la vía para conseguir permanencia, estabilidad o respeto, sino que, antagónicamente, las personas deben reconocer lo que esperan de la relación y compartirlo, para así poder formar un noviazgo sano basado en la madurez, respeto y amor verdadero. Es de suma importancia dejar de justificar el proceder violento entre la pareja ya que no hay acción que deba dar lugar a una respuesta que atente de alguna manera en contra de alguno.

Actualmente nosotros, los jóvenes, tenemos muchas herramientas digitales que garantizan una buena difusión de información, por lo que es necesario utilizarlas para evidenciar las situaciones que promueven estos tipos de conductas nocivas, en razón de educar y, por tanto, evitar la creación de nuevas relaciones de este estilo y ayudar a las personas que lo sufren a interiorizar e identificar lo que les sucede y salir de noviazgos  abusivos.

 

 

 

Referencias

Aguilar, L. (2010). Manual para la Prevención de la violencia: Amor y Violencia en el Noviazgo. Instituto Estatal de las Mujeres (México). Recuperado en 15 de mayo de 2021, de: http://cedoc.inmujeres.gob.mx/ftpg/Tabasco/tabmeta13_6.pdf

Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (2019). Violencia en el noviazgo: no es amor, no es amistad. Recuperado en 15 de mayo de 2021, de Gobierno de México Sitio Web: https://www.gob.mx/sipinna/es/articulos/violencia-en-el-noviazgo-no-es-amor-no-es-amistad?idiom=es

Castro, R. y Venegas, P. (2014). Aprendiendo a querernos bien: Cuadernillo para la prevención, detección y atención de la violencia en el noviazgo desde educación secundaria. Primera edición, SEDESOL (México). Recuperado en 15 de mayo de 2021, de: http://indesol.gob.mx/cedoc/pdf/IV.%20Igualdad%20de%20G%C3%A9nero/Violencia%20en%20el%20Noviazgo/Aprendiendo%20a%20Querernos%20Bien.pdf

Recuperado en 15 de mayo de 2021: https://www.uv.mx/cendhiu/files/2013/08/VIOLENCIA-EN-EL-NOVIAZGO-42.pdf