El proceso de paz no debe ir en detrimento de los derechos humanos
De pronto, hay urgencia por establecer un proceso de paz en Afganistán. Estados Unidos de América ha designado como su enviado especial a Zalmay Khalilzad, que ha recorrido varias capitales regionales en un intento de buscar el apoyo de diferentes partes interesadas. Al mismo tiempo, el presidente Ashraf Ghani parece haber emprendido una iniciativa paralela, que comenzó con su propuesta “Lograr la Paz: El Próximo Capítulo en el Proceso de paz Impulsado por Afganistán” en la Conferencia de Ginebra a finales del año pasado. Sin embargo, ninguna de las dos iniciativas ha abordado motivos de preocupación fundamentales en materia de derechos humanos. Apenas hay representación de las mujeres: sólo tres mujeres han sido incluidas en el equipo negociador gubernamental, integrado por 12 personas. No se dice nada de cómo el proceso garantizará el acceso de las víctimas de crímenes de guerra a reparaciones, y aún menos de cómo garantizará la rendición de cuentas de los autores de tales actos. No se hace mención alguna a cómo se preservarán los limitados pero importantes logros en materia de derechos humanos, incluidos los derechos de las mujeres y de las minorías
