Lunes, 06 de julio, 2026

Ante las informaciones sobre la muerte de un tibetano tras un presunto acto de autoinmolación frente a la sede de la ONU en Nueva York, Sarah Brooks, directora regional adjunta de Amnistía Internacional, ha declarado:

“Nuestros pensamientos están con todas las personas que conocían y amaban al hombre que ha fallecido y con la comunidad tibetana en general. La autoinmolación como acto de protesta por miembros de la comunidad tibetana persiste desde hace muchos años y no ocurre en un vacío, sino que refleja la enorme desesperación que sienten quienes no ven otra vía para llamar la atención hacia las violaciones de derechos humanos que se están perpetrando”.

“Esta muerte ocurre justo al día siguiente de la entrada en vigor de la Ley de Unidad Étnica china que impone abiertamente a los grupos étnicos que no son han —como el tibetano, el uigur y el mongol— una identidad nacional única definida por el Estado en lugar de proteger sus culturas y lenguas propias”.

“Esta tragedia debe servir para que todas las personas reflexionemos sobre el coste humano de estas políticas: para que las autoridades chinas pongan fin a sus políticas represivas en Tíbet, incluidas las que consagra la Ley de Unidad Étnica, y para que otros gobiernos reconozcan que esta ley es un peligroso instrumento de represión”.

“La comunidad internacional no debe permitir que esta muerte pase sin un renovado examen de la crisis de derechos humanos en Tíbet. Las autoridades chinas deben poner fin a su represión de la población tibetana y permitir el acceso independiente a la región de especialistas de la ONU y otras entidades de observación independientes. Además, deben garantizar que no habrá represalias gubernamentales contra la familia del hombre fallecido, como ha ocurrido en ocasiones anteriores como respuesta a autoinmolaciones de personas tibetanas”.

Información complementaria

Según medios de comunicación y organizaciones tibetanas, un tibetano de 52 años llamado Lobga Rangzen (conocido también como Lobsang Palden) murió tras un presunto acto de autoinmolación frente a la sede de la ONU en Nueva York el 2 de julio de 2026. Descrito como un activista tibetano, los informes indican que llevaba una bandera tibetana y que reclamaba la libertad para Tíbet antes de prenderse fuego.

Amnistía Internacional lleva documentando décadas de violaciones de derechos humanos contra la población tibetana que incluyen severas restricciones a la libertad de religión o de creencias, a la libertad de expresión y de reunión pacífica, y a los derechos culturales. La población tibetana sigue sufriendo una vigilancia omnipresente, detenciones arbitrarias, restricciones del uso de la lengua tibetana y la criminalización de expresiones pacíficas de identidad tibetana.

El 1 de julio de 2026, entró en vigor la nueva Ley de Unidad Étnica de China. Amnistía Internacional advirtió de que la Ley institucionalizaría aún más las políticas de asimilación forzada dirigidas a las poblaciones tibetana, uigur y de otros grupos étnicos no han, y podría reforzar la base legal de la represión transnacional al perseguir y vulnerar las libertades fundamentales de quienes defienden pacíficamente los derechos de las minorías fuera de China.

Amnistía Internacional, junto con grupos de defensa del pueblo tibetano y especialistas de la ONU, ha pedido en reiteradas ocasiones a las autoridades chinas que pongan fin a las políticas que violan los derechos humanos de la población tibetana, y seguirá instando a China a que conceda un acceso significativo y sin trabas a Tíbet a especialistas de la ONU y otras entidades de observación independientes.