Viernes, 15 de septiembre, 2017

Aunque no era una apuesta segura en el siglo pasado, hoy por hoy la Cooperación Sur-Sur ha demostrado su valía, al punto de ser considerada incluso de igual importancia que la Cooperación Norte-Sur por algunos expertos.

Fue en la Conferencia de Bandung, en los años 50, en la que se dio lo que sería el primer paso hacia la conformación de una sólida alianza que pondría en práctica una especie de participación solidaria que obrara en pro del desarrollo económico y cultural entre países en vías de desarrollo. No obstante, no es sino hasta 1978 que las Naciones Unidas crea la Unidad de Cooperación Sur-Sur para promover el comercio y la colaboración entre sí, así como encontrar soluciones conjuntas a los problemas a los que se enfrentan.


Este tipo de cooperación se ha visto en gran medida en los países de América Latina durante los últimos años y debe ser saludada en vistas al avance de los derechos de todas aquellas personas que forman parte de estas poblaciones o viven en estos países. Un ejemplo fácilmente reconocible son las múltiples herramientas regionales que se han formado las últimas décadas que trabajan en la mejora del bienestar latinoamericano. A pesar de ello, todavía son escasas las alianzas interregionales que rompen la barrera de los tratados meramente comerciales.

Debemos tomar en cuenta que las alianzas entre los países del sur global deben ser vistas más allá de una simple forma de desarrollo económico, deben ser llevadas también a otros planos. Por ejemplo, se puede resaltar que los intercambios en temas culturales son de suma importancia para la sostenibilidad de las relaciones entre las sociedades y el fomento de la conciliación en los jóvenes de los países que formen parte de esta inversión. Desde otro punto de vista, también es posible exaltar el intercambio al momento de hacer frente a los problemas sociales que afectan al sur global, considerando que no se abordaría igual estando en el sitio que viéndolo externamente.

Asimismo, es importante considerar que las personas que hacen vida en esos países, los defensores de derechos humanos y la sociedad civil en general de esos países forman parte de estos Estados y por tanto, sus puntos de vista y opiniones son parte de la solución, de modo que deben ser incluidos en los espacios de intercambio para hacer la cooperación sostenible y sustentable.

Finalmente, siguiendo las palabras de Martin Luther King: “La injusticia en cualquier parte, es una amenaza a la justicia en todas partes”; un grupo de personas en Uganda pueden hacer resonar la desaparición de Santiago Maldonado, mientras personas que viven en Argentina pueden tomarse de forma personal las detenciones a defensores de derechos humanos que ocurren en Turquía, y a su vez, estos últimos alzan su voz por la sobrepoblación de personas refugiadas que hoy existe en Uganda, de manera que un complemento a esta estrategia puede ser motivar a los integrantes de la sociedad civil  y las poblaciones del sur global para que mantengan en alto su principio de solidaridad internacional en pro de los derechos humanos alrededor del mundo.