Lunes, 02 de agosto, 2021

Estos últimos años, con la pandemia del Coronavirus y el aumento significativo del cambio climático, se ha sacudido nuestra sensación de ser vulnerables mostrándonos que nuestro mundo puede cambiar de modo tan significativo que no lo podemos controlar. Hoy más que nunca es necesaria la acción de personas realmente comprometidas con la defensa de los derechos humanos y del cambio climático, activistas que quieran generar cambios reales en el mundo y que movilicen a quienes tienen el poder de decisión para crear políticas públicas y hacer lo correcto. 


A lo largo de nuestra historia hemos avanzado en muchos ámbitos que nos benefician a cada uno de nosotros, pero algunas de esas acciones afectan al planeta Tierra llevándolo a un estado crítico en el cual todas las regiones del mundo son alteradas con desastres naturales que llevan al caos.

Por ello, debemos hacer conciencia de que la emergencia climática es una crisis de derechos humanos de una magnitud sin precedentes. El cambio climático da un ultimátum al disfrute de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales de las generaciones presentes y futuras y, en última instancia, el futuro de la humanidad.

Cuando las consecuencias del cambio climático afectan a un país o a una comunidad, los efectos indirectos pueden menoscabar gravemente el disfrute del derecho a una vida digna, comprometer diferentes libertades y, en muchos casos, poner en peligro la supervivencia cultural de pueblos enteros.

Con el nivel actual de calentamiento de global de un 1,1 °C, por encima de los niveles preindustriales, ya estamos presenciando consecuencias devastadoras, como olas de calor e incendios sin precedentes, tormentas tropicales consecutivas de gran intensidad y graves sequías. Estos fenómenos, junto con las consecuencias de evolución lenta del cambio climático como la elevación del nivel del mar, afectan gravemente al disfrute de los derechos humanos de millones de personas.

El colapso ecológico ya llego. Solo en el mes de julio de este 2021 ocurrieron los siguientes eventos catastróficos alrededor del mundo:

Nueva yorrk; Varias estaciones de metro quedaron inundadas y grandes vías colapsadas tras el arribo de Elsa.

Europa Occidental; inundaciones causadas por lluvias históricas dejaron decenas de muertos y desaparecidos en Alemania, Bélgica, Luxemburgo, Países Bajos y Suiza.

Regiones de EE.UU. y de Canadá temperaturas récord de casi 49 °C originaron cientos de incendios y al menos 500 muertes; más de 60 incendios forestales; la región está atrapada en un círculo vicioso de retroalimentación de calor extremo

América del sur; como resultado del calentamiento y la desforestación, la Amazonia ya produce más CO2 del que es capaz de absorber.

La Ciudad en el centro de China recibió 640 milímetros de agua en solo tres días, casi el equivalente a un año de lluvias.

Turquía; miles de evacuados en la ciudad turística de Antalya, sur de Turquía, debido a incendios forestales fuera de control.

Es evidente que la mayoría de las catástrofes de los últimos años se relacionan con el agua, las sequías, las tormentas y las inundaciones. Estas han generado muchas pérdidas humanas y económicas, año tras año avanza a agigantados pasos y con mucha fuerza la crisis del cambio climático y todos los eventos ocurridos en el mes de julio ponen de manifiesto este hecho.

Estos últimos años, con la pandemia del Coronavirus y el aumento significativo del cambio climático, se ha sacudido nuestra sensación de ser vulnerables mostrándonos que nuestro mundo puede cambiar de modo tan significativo que no lo podemos controlar. Hoy más que nunca es necesaria la acción de personas realmente comprometidas con la defensa de los derechos humanos y del cambio climático, activistas que quieran generar cambios reales en el mundo y que movilicen a quienes tienen el poder de decisión para crear políticas públicas y hacer lo correcto. 

Debemos sumar nuestros esfuerzos a esta causa y garantizar una nueva generación de activistas de derechos humanos que promueva el abordaje del tema del cambio climático como punto fundamental en la agenda mundial de derechos humanos, debe ser nuestra prioridad. El futuro de nuestro planeta está en nuestras manos.

Es necesario que los Estados tomen decisiones específicas para enfrentar el cambio climático y evitar las consecuencias más catastróficas para el planeta y la humanidad. Los Estados violan los derechos humanos cuando no toman las medidas adecuadas para reducir las emisiones de carbono —como abandonar rápidamente y de forma gradual los combustibles fósiles—, apoyar a la población para que se adapte al cambio climático y proporcionar reparaciones por las pérdidas y daños ocasionados por los efectos relacionados con el clima. Las empresas cometen abusos contra los derechos humanos cuando no toman medidas para reducir y, en última instancia, eliminar las emisiones y otras prácticas perjudiciales para el medioambiente.

En la publicación hecha recientemente por Amnistía Internacional ¡DEJEN DE DESTRUIR NUESTROS DERECHOS! se explican con precisión las obligaciones de los Estados en materia de derechos humanos y las responsabilidades de las empresas en la lucha contra la crisis climática, y se muestra que los derechos humanos son esenciales para una descarbonización rápida y justa de nuestras economías y sociedades. Pueden conocer más sobre el tema en el siguiente link https://www.amnesty.org/es/documents/POL30/4110/2021/es/

 Referencias.

https://www.amnesty.org/download/Documents/IOR4040552021SPANISH.pdf

https://www.amnesty.org/es/documents/POL30/4110/2021/es/

https://amnistia.org.ar/wp-content/uploads/delightful-downloads/2021/06/Stop-burning-our-Rights_Executive-summary_POL-30.4110.2021_ES-1.pdf