Lunes, 29 de noviembre, 2021
Avila Morillo, Karla

Desde el pasado 6 de septiembre de 2021, el local donde está la librería quedó sin energía eléctrica por la explosión e incendio de dos de los tres transformadores del centro comercial Moripa de Castillito, por este motivo las religiosas apelan a la caridad de Corpoelec y todas aquellas autoridades regionales que les competa darle rápida solución a este problema que las aqueja desde hace casi tres meses


Las hermanas de librería Paulinas iluminan desde la penumbra de la desidia

Por: Karla Ávila Morillo / Bolívar / @LaTuristaKAM

La obra paulina en Venezuela data desde el 15 de noviembre de 1.951 cuando el padre Beato Santiago Alberione escogió a los paulinos para fundar su labor en el país al enviar una carta al Arzobispo de Caracas, monseñor Lucas Guillermo Castillo, con la finalidad de formalizar la misión espiritual de evangelizar en esta tierra.

Las hijas de San Pablo en Guayana

Ya para el año 1.956 las hermanas paulinas llegaron a Caracas a la casa madre, allí estuvieron haciendo su servicio en zonas populares y vulnerables de la capital, su misión siempre ha sido evangelizar con los medios de comunicación, a través de la palabra, los libros, del encuentro con las personas de misiones bíblicas en los pueblos, de ir casa por casa, visitar las cárceles, residencias, centros comerciales, barrios y todo aquel lugar donde pudieran expresar su fe.

Allí abrieron la primera librería y fue en 1.992 por petición de personas que vivían en el oriente del país y las necesidades que reflejaban de tener que viajar hasta Caracas, Barquisimeto o Valencia para poder comprar los productos, fue así que llegaron dos hermanas misioneras a Ciudad Guayana, una de ellas María Elisa González que todavía está en la zona como fundadora, hoy con 82 años y a quien sus compañeras describen como una mujer con coraje, valentía, ganas y sentido misionero de gran oración y entrega de su servicio al prójimo, al igual que María Fernanda De Angeli quien ya falleció.

Ambas arribaron a San Félix acogidas por invitación de una misionera italiana que estuvo aquí, pero actualmente no vive en Venezuela, allí vivieron un año donde se dedicaron a visitar todas las parroquias, los barrios y conocieron a muchas familias llevando el evangelio. Luego, el 19 de marzo de 1.993 consiguieron el local donde están hoy en día en el Centro Comercial Moripa en Castillito, el cual estaba en venta y no tenía un alto precio cuando apenas se inauguraba el edificio, así que con ayuda de la sede principal de la congregación que está en Roma, compraron el local donde está actualmente la icónica librería Paulinas desde hace 28 años.

La hermana Alicia Galíndez manifiesta que ese local es la sede de sus operaciones porque si no fuera por la escasez de combustible, ellas estarían viajando por todo el estado Bolívar, llevando fe a todos aquellos venezolanos que padecen necesidades espirituales, sobre todo ahora con la crisis humanitaria compleja que va sembrando desesperanza en las comunidades más alejadas y vulnerables.

Sin embargo, a pesar de las vicisitudes, Galíndez dice: “Nosotras nunca hemos estado estáticas en la librería sino que nosotras nos hemos acostumbrado a viajar, íbamos a Ciudad Piar, Ciudad Bolívar, El Tigre, El Tigrito, a la Gran Sabana, Santa Elena de Uairén, El Dorado, Las Claritas, Tumeremo, Upata y todas las poblaciones del sur, íbamos a las iglesias, los colegios; llevábamos nuestro material porque nunca estábamos fijas en un solo lugar, siempre estábamos en movimiento porque vamos hacia la gente, pero el problema de la gasolina y la pandemia por la Codiv19 es lo que nos ha retrasado”.

Lo cierto es que en la librería hacen el servicio a todas esas zonas, incluso la gente hace pedidos y se les envía, pero cuando pueden se los llevan personalmente. Ella hace referencia a las sabias palabras del Beato Santiago Alberione, quien decía: “Las librerías son centros de difusión de la palabra de Dios, de cultura, de encuentro e intercambio”, donde la gente no solamente va a adquirir un producto, llámese un libro, un rosario, un CD de música religiosa y hasta en una época de esplendor tuvieron el alquiler de películas, videos y música; sino que también tienen todavía un oratorio donde las personas van a encontrarse desde su fe con Dios. Igualmente comenta que los muebles de la librería tienen ruedas para poder moverlos y transformar el lugar en un salón donde se reunían con la gente antes de la pandemia, a veces hacían misas y encuentros con los visitantes.

Acota la hermana Alicia: “Esta librería es un centro de socialización porque nuestros temas son muy variados, aquí tenemos libros de filosofía, porque para nosotras la filosofía es muy importante, libros de comunicación, teología, espiritualidad, liturgia, de celebrar la misa, el altar, tenemos diferentes modelos de biblias, rosarios, libros de catequesis para la formación de los niños, niñas y adolescentes para que se preparen a recibir la primera comunión, igualmente la confirmación, también la catequesis de adultos. Además libros de formación en valores humanos para niños, familias, matrimonios, novios, parejas triunfadoras, educación sexual en el sentido más puro de lo que significa la sexualidad humana en un sentido verdadero, sociología, psicología humanística cristiana. Es decir, lo único que no vendemos son textos escolares pero tenemos literatura valiosa”.

Iluminan desde la fe y la perseverancia a pesar de las dificultades pero exigen atención ante la vulneración de sus derechos

Desde el pasado 6 de septiembre de 2021, el local donde está la librería quedó sin energía eléctrica por la explosión e incendio de dos de los tres transformadores del centro comercial Moripa de Castillito, por este motivo las religiosas apelan a la caridad de Corpoelec y todas aquellas autoridades regionales que les competa darle rápida solución a este problema que las aqueja desde hace casi tres meses.

Pero no solamente piden bondad de los corazones de quienes se hacen la vista gorda ante el problema sino que exigen algunos de sus derechos, los cuales se conocen como “derechos económicos, sociales y culturales” (DESCA) que por cierto incluyen los derechos a la alimentación, a la vivienda adecuada, a la educación, a la salud, a la seguridad social, a la participación en la vida cultural, al agua y saneamiento, entre todos estos la prestación de los servicios básicos, en este caso, la energía eléctrica. No se puede olvidar que estos derechos son universales, indivisibles e interdependientes y están interrelacionados.

¿Cómo se alimentarán si no trabajan?, por más fe que se tenga el pan no caerá del cielo, ellas cumplen a cabalidad con media jornada de trabajo de lunes a viernes, no solamente para llevar la palabra de Dios a quienes lo necesiten sino también para subsistir y dentro de esa subsistencia está el poder comer adecuadamente para gozar de bienestar físico y mental.

“Los derechos económicos, sociales y culturales son los relacionados con el lugar de trabajo, la seguridad social, la vida en familia, la participación en la vida cultural y el acceso a la vivienda, la alimentación, el agua, la atención de la salud y la educación”.

Folleto Informativo número 33: Preguntas frecuentes sobre los Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos [en línea] 28.11.2021  https://www.ohchr.org/Documents/Issues/ESCR/FAQ%20on%20ESCR-sp.pdf Consulta del 22.11 al 28.11.21

Pudiera incluirse además, el derecho a la salud y el bienestar como ser humano porque estaríamos hablando de tres mujeres, que trabajan por y para el prójimo entre tres y cuatro horas diarias en un espacio cerrado, sin aire acondicionado, sin iluminación y sin acceso a los métodos de pago tradicionales por la misma falta del servicio.

Estamos hablando de un clima tropical de sabana, con una temperatura promedio de 35 grados centígrados, la humedad media es del 87% y el Índice UV es 6 en Ciudad Guayana, lo que significa que un lugar de trabajo sin luz eléctrica no se puede considerar como apto para condiciones laborales y ambientales saludables para ningún ser humano.

En conclusión, las hijas de San Pablo en Guayana no les están haciendo daño a nadie, al contrario, ellas como todos los ciudadanos de esta región, no solamente desean trabajar, sino aportar a la sociedad una buena educación, cultura y espiritualidad que bien hace falta para seguir adelante en uno de los estados más violentos de Venezuela.

Los derechos culturales incluyen el participar en la vida cultural y beneficiarse de esto, asimismo el derecho a beneficiarse de la protección de los intereses morales y materiales que correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas. Es decir, en un país tan convulsionado como el nuestro, donde reina la desesperanza, son casi obligatorios moral y psicológicamente hablando el poder tener lugares donde poder ir a leer o comprar un libro sin desmayarse del calor.

Esas libertades están definidas en los ordenamientos jurídicos nacionales, regionales y mundiales, también en las leyes, reglamentos, constituciones nacionales y tratados internacionales. Su aceptación como derechos humanos genera obligaciones jurídicas para los Estados, en este caso, el venezolano.

En octubre de 2016 fue aprobado en primera discusión el proyecto de Ley Orgánica del Sector Eléctrico, la cual reza en su Artículo 1 lo siguiente: “Esta ley tiene por objeto establecer las disposiciones que aseguren a todos los usuarios del servicio eléctrico una prestación de calidad tanto técnica como comercial, confiable y al menor costo posible; que creen los mecanismos para permitir el acceso a ese servicio a la población de bajos ingresos; y que permitan el desarrollo sustentable del sistema eléctrico nacional, para satisfacer los requerimientos de electricidad del país”.

En cuanto a los Derechos de los usuarios en el Artículo 26 habla que los usuarios del  servicio  eléctrico  tienen,  entre  otros,  los  siguientes derechos:

  1. Obtener el suministro de energía eléctrica de la empresa distribuidora concesionaria en el área geográfica donde estén ubicados.
  2. Recibir la atención oportuna de sus reclamos, en primera instancia del proveedor del servicio eléctrico, en segunda instancia de la autoridad municipal, y en última instancia de la Comisión Nacional de Electricidad.
  3. Organizarse para participar en la fiscalización de la calidad del servicio eléctrico, en coordinación con la autoridad fiscalizadora municipal.
  4. Exigir y recibir del proveedor del servicio información completa, precisa y oportuna para la defensa de sus derechos.
  5. Obtener de la empresa proveedora del servicio eléctrico una compensación adecuada cuando la calidad del servicio no cumpla con las normas de calidad del servicio eléctrico que  dicte  la  Comisión  Nacional  de  Electricidad,  y  el  resarcimiento  de  los  daños causados por fallas en el suministro de electricidad.
  6. Los usuarios calificados podrán adquirir la potencia y energía eléctrica que requieran mediante contratos con generadores o comercializadores de electricidad.
  7. Los demás que establezca esta Ley y su Reglamento y la legislación en materia de protección al usuario del servicio eléctrico.

Si hablamos de la competencia, el Artículo 40 dice: “El servicio  eléctrico,  en  los términos  establecidos  en  esta  ley,  es competencia de los municipios, por lo que corresponde a ellos la dotación y prestación del servicio, por sí mismos o mediante contratación con terceros”, es allí cuando los ciudadanos se preguntan a dónde van los impuestos que pagan, muchas son las personas que dudan si esto quedó como letra muerta.

Ley Orgánica del Sector Eléctrico [en línea] 28.11.2021  https://transparencia.org.ve/project/ley-organica-del-sector-electrico/ Consulta del 22.11 al 28.11.21

Prohibido olvidar que el avance de un derecho facilita el desarrollo de los demás, así como la privación de un derecho afecta negativamente a los otros. Lo que quiere decir que el no tener energía eléctrica afecta el derecho al trabajo, a su vez al bienestar, buena salud, alimentación y acceso a educación como también a la cultura.

Dicho en criollo, es una especie de efecto bola de nieve que hace ascender aceleradamente el deterioro de la calidad de vida de los ciudadanos, una cosa va llevando a la otra generando acciones negativas similares mientras los problemas se salen de control, creando un círculo vicioso y un país donde no se respeta nada y quien exige vivir dignamente es visto como un tóxico desubicado.

Algo de lógica simple no está de más

Es cierto, nadie anda con un cartel propagandístico prohibiendo que las personas vayan a la Librería Paulinas, ni se les ha dicho directamente a las hermanas que no le van a poner la luz, pero indirectamente se les está negando el arreglo o compra de los transformadores por no existir recursos suficientes y eso no es responsabilidad de las hermanas, porque no fueron ellas las que quemaron los transformadores. Es responsabilidad de la empresa estatal garantizar, no solamente la atención oportuna a dicho reclamo, sino que cada ciudadano reciba respuesta rápida sobre su requerimiento de conformidad con el deber ser.

Expresa Galíndez: “Hemos tocado muchísimas puertas solicitando ayuda para que se resuelva este problema porque estamos dando el servicio porque somos misioneras, no nos importa pasar calor y estar aquí trabajando, pero no podemos hacerle eso a las personas que vienen a la librería y someterlos al calor, además que no podemos usar el punto de venta, entonces casi que los obligamos a comprar en efectivo o en pagomóvil que muchas veces, no todas las personas lo tienen, por eso nosotras apelamos a la caridad de Corpoelec, queremos que vengan y nos ayuden a solucionar para que nos pongan la luz por lo menos del poste de la calle para que nosotras podamos dar nuestro servicio, queremos también hacer la novena de navidad con el grupo de colaboradores que vienen siempre a la librería, claro, con las normas de bioseguridad, igualmente darle la oportunidad a la gente que venga a nuestra capilla que es un oratorio donde la gente viene a orar, a encontrarse con Dios”.

Finalmente ellas quisieran que se haga realidad la ayuda, que sean escuchadas, porque la administración del centro comercial ya hizo el reclamo formal ante Corpoelec, de hecho, las religiosas como propietarias del local, ya dieron una cuota de dinero para que se limpiara el lugar donde estaban los tres transformadores, se evaluara el estado de los aparatos donde se supo que dos de estos se dañaron por completo y uno tiene arreglo, ahora bien, el arreglo y restitución de cables tiene un costo superior a los 1000 dólares que es imposible para ellas poder pagarlos, además los inquilinos que estaban en el centro comercial eran alquilados y se mudaron, prácticamente se quedaron solas en la planta baja del edificio.

Con respecto a la seguridad, afirman que las han robado dos veces por lo que ahora trabajan con la reja cerrada y atienden previa llamada o aviso, abren la librería de nueve de la mañana a doce del mediodía porque en la tarde ya no se atreven a quedarse solas, igualmente aprovechan la oportunidad para opinar que les parece sospechoso que dos funcionarios policiales acudan al lugar semanalmente a tomarse fotografías en la parte exterior de la librería y luego se retiran, ellas no saben a qué se debe esa situación ni para qué se toman esas fotografías. Estos policías nunca han entrado al local, no han hablado con las monjas, ni tampoco dan rondas preventivas para brindarles protección.

El llamado es a quien pueda influir en la toma de decisiones para una solución rápida y adecuada a este problema que no solamente afecta a las religiosas sino también a los otros propietarios e inquilinos como a todas las personas que desean adquirir los productos o ir a buscar un poco de paz espiritual.

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