Jueves, 03 de septiembre, 2026
Hernández, Daniel

31% de las consultadas señala al machismo como el principal obstáculo político que enfrentan, mientras que factores como el temor a la represión, la autocensura, la desconfianza hacia las instituciones comunitarias y la precariedad económica terminan por condicionar su movilización


El Instituto Prensa y Sociedad (IPYS Venezuela), junto con la Red de Mujeres Constructoras de Paz, presentó su más reciente informe titulado "Sin nosotras no hay transición", una rigurosa investigación sobre la participación política de las mujeres en Venezuela, sus barreras socioculturales y sus percepciones de cara al restablecimiento democrático.

El informe evidencia una realidad compleja y contundente: las mujeres venezolanas desempeñan un rol protagónico en el sostenimiento de la vida familiar, comunitaria y cívica, pero continúan severamente subrepresentadas en los espacios formales de toma de decisiones. Mientras el 69% de las encuestadas considera vital la presencia femenina para lograr una transición democrática real —cifra que asciende al 80% entre las mujeres mayores de 55 años—, la participación efectiva en estructuras organizativas o partidistas es de apenas un 2%.

Esta amplia brecha confirma que el problema no radica en una falta de conciencia cívica, sino en serios obstáculos estructurales. En el centro de esta exclusión se encuentra la desigual distribución del trabajo de cuidados no remunerado. El 68% de las madres venezolanas dedica ocho horas o más al día al cuidado de sus hijos, personas mayores o enfermas, en contraste con tan solo el 8% de los padres. Esta sobrecarga de trabajo convierte al tiempo en un recurso extremadamente escaso, reduciendo drásticamente la disponibilidad de las mujeres para ejercer liderazgos sostenidos.

El estudio analiza la autopercepción de las participantes, quienes habitualmente se describen como "todo terreno" y "guerreras". A partir de la consulta, la investigación categoriza el comportamiento de la mujer venezolana en cuatro roles cotidianos esenciales:

  1. La Protectora: Dedicada al cuidado directo de niños, adultos mayores y personas enfermas.
  2. El Ancla Emocional: Encargada del sostenimiento afectivo del hogar en medio de la crisis.
  3. La Gerente: Responsable de administrar recursos sumamente escasos y resolver imprevistos diarios.
  4. La Proveedora: Integrada al mercado formal e informal para complementar los ingresos familiares.

A este fenómeno de doble y triple jornada se suman barreras sociales directas: el 31% de las consultadas señala al machismo como el principal obstáculo político que enfrentan, mientras que factores como el temor a la represión, la autocensura, la desconfianza hacia las instituciones comunitarias y la precariedad económica terminan por condicionar su movilización.

Desafío juvenil, el miedo a la represión y la necesidad de espacios seguros

Un capítulo medular de la investigación profundiza en la desconexión que sufren las generaciones jóvenes y los riesgos inherentes al ejercicio del liderazgo femenino en la coyuntura actual.

El estudio señala que el 56% de las mujeres jóvenes (entre 18 y 34 años) se siente ajena al proceso político actual, motivado principalmente por la precariedad económica, el escepticismo y la falta de narrativas que conecten con sus necesidades inmediatas. Las jóvenes no se movilizan por discursos abstractos sobre la democracia; el estudio halló que sus principales motores de movilización son el bienestar de sus hijos (56%) y las mejoras concretas en sus comunidades (33%). Asimismo, el informe constata que la participación aumenta de forma directamente proporcional al nivel educativo, registrándose un 12% más de participación cívica entre mujeres con formación técnica o universitaria frente a aquellas con educación básica.

Por otro lado, la investigación documenta la existencia de patrones de represión diferenciada hacia las mujeres, tales como allanamientos, campañas de estigmatización digital, persecución y la detención de familiares como mecanismo deliberado de amedrentamiento y desmovilización. Frente a este panorama hostil, muchas mujeres buscan refugio en espacios comunitarios de confianza. En este sentido, las iglesias emergen como el entorno percibido como más seguro para la participación (61%), representando un capital social fundamental que debe ser aprovechado para conectar el ámbito cívico con espacios libres de autocensura.

"Fortalecer la representación y el liderazgo de las mujeres no es una demanda sectorial ni secundaria; es una condición indispensable para lograr una transición más representativa, sostenible y verdaderamente conectada con las prioridades de la vida familiar, comunitaria y pública"Extracto del Informe "Sin nosotras no hay transición".

 

Recomendaciones para una transición inclusiva

Para transformar esta realidad y garantizar que el proceso de cambio político no vuelva a invisibilizar el papel de la mujer, IPYS Venezuela y la Red de Mujeres Constructoras de Paz proponen una hoja de ruta estructurada en cinco áreas de acción clave dirigidas a partidos políticos, instituciones, sociedad civil, medios de comunicación y organismos internacionales:

  1. Reducir las barreras estructurales de participación:
    • Crear redes comunitarias de cuidado compartido (centros infantiles y apoyo a personas mayores) para liberar tiempo real a las mujeres.
    • Exigir a organizaciones políticas y órganos electorales la representación efectiva de mujeres en candidaturas, evitando que sean relegadas a suplencias o circunscripciones sin posibilidad real de elección.
    • Asumir la igualdad salarial y la protección contra la violencia política como criterios esenciales de calidad democrática.
  2. Garantizar la seguridad para el ejercicio político:
    • Documentar, visibilizar y sancionar los esquemas de represión y violencia de género con fines de desmovilización.
    • Fomentar la creación de espacios seguros de participación cívica, aprovechando el capital de confianza acumulado en espacios comunitarios como las iglesias.
  3. Activar a las mujeres jóvenes:
    • Diseñar programas de formación cívica, liderazgo y derechos políticos adaptados a las jóvenes de 18 a 34 años.
    • Modificar la narrativa política para responder a las urgencias cotidianas del bienestar familiar y desarrollo comunitario.
    • Visibilizar nuevos referentes de liderazgo femenino para romper el estereotipo de la política como un entorno exclusivamente masculino.
  4. Transformar la narrativa pública:
    • Impulsar campañas de comunicación que muestren a las mujeres como lideresas organizadas, eficaces y capaces de dirigir los destinos del país.
    • Nombrar y dignificar el trabajo invisible de las amas de casa y cuidadoras comunitarias que sostienen las bases sociales y electorales del país.
  5. Incorporar de forma sustancial la perspectiva de género en la transición:
    • Garantizar la inclusión explícita (no simbólica) de mujeres en equipos negociadores, mesas de diálogo y espacios de toma de decisiones bajo el principio "Nada sobre nosotras sin nosotras".
    • Crear una red pública de apoyo psicosocial para atender el desgaste emocional derivado de la sobrecarga de cuidados y la violencia política.
    • Establecer indicadores verificables de representación y rendición de cuentas en todos los niveles del poder público.

Sobre IPYS Venezuela:

Organización dedicada a la promoción, defensa y formación en libertad de expresión, derecho a la información y periodismo de investigación en Venezuela.

Sobre la Red de Mujeres Constructoras de Paz:

Iniciativa que agrupa a lideresas comunitarias, periodistas y defensoras de derechos humanos en todo el territorio venezolano, promovida para visibilizar el impacto de la crisis en las mujeres e impulsar su liderazgo cívico y político.

 

Lee el informe completo aquí