LAS PERSONAS QUE SE MANIFIESTAN EN POLONIA NO VAN A CALLAR

Lunes, 25 de junio, 2018

El informe de Amnistía Internacional The Power of ‘the street': Protecting the right to peaceful protest in Poland (El poder de la “calle”: proteger el derecho a manifestarse pacíficamente en Polonia) muestra las estrategias represivas que utilizan las autoridades para silenciar a quienes no están de acuerdo con ellas


Cuando Julia, de 60 años, recobró el conocimiento en una calle del centro de Poznan en 2016, vio que estaba tumbada en un charco. Había alguien sentado sobre ella y gente a su alrededor que gritaba: “¡Déjenla!”

Unas horas antes había salido del trabajo para participar en una protesta contra una propuesta de prohibición casi total del aborto en Polonia. Era la primera manifestación a la que asistía desde la década de 1980.

En ese momento, Julia no sabía qué era lo que la había golpeado, en la cabeza, además.

Tres chicas le informaron en seguida de que habían sido dos agentes de policía. Debido a sus heridas, tuvo que tomarse cuatro días de permiso por enfermedad.

Presentó una denuncia contra la policía, pero el fiscal de distrito de Poznan la archivó por falta de pruebas.

Nadie ha rendido aún cuentas por la violencia ejercida contra Julia.

Agresiones a participantes en manifestaciones pacíficas

Durante los dos últimos años, muchas personas como Julia vienen echándose casi todas las semanas a la calle en varias localidades de Polonia para protestar. Se manifiestan en contra de los constantes intentos del gobierno de restringir los derechos humanos, incluidos los derechos de las mujeres; del nacionalismo y la xenofobia crecientes, y de las amenazas al medio ambiente.

A pesar del golpe que le hizo desplomarse, Julia continúa determinada a hacer saber al mundo cómo trata la policía a quienes participan en las manifestaciones.

Lo alarmante es que su caso no es único. El hostigamiento a quienes participan en las manifestaciones y el uso excesivo que hace la policía de la fuerza en ellas son una dura realidad actualmente en Polonia.

El informe de Amnistía Internacional The Power of ‘the street': Protecting the right to peaceful protest in Poland (El poder de la “calle”: proteger el derecho a manifestarse pacíficamente en Polonia) muestra las estrategias represivas que utilizan las autoridades para silenciar a quienes no están de acuerdo con ellas.

Las personas que participan en manifestaciones para expresar su desacuerdo con las medias del gobierno en la Polonia actual suelen ser amenazadas con la detención y el procesamiento, o sometidas a violencia directa por agentes de policía o de seguridad.

Es asombroso ver cómo se ha acostumbrado la gente a estos abusos de las autoridades.

“No puedo ni contar la de veces que la policía ha disparado contra mí” es una frase que escuchamos en varias ocasiones al entrevistar a manifestantes para el informe.

Una tendencia estremecedora

El elevado precio que tienen que pagar quienes participan en manifestaciones es la terrible consecuencia de lo que está ocurriendo en la actualidad en Polonia a medida que se transforma en un Estado donde se sanciona a la gente por expresar sus opiniones y donde resulta cada vez más difícil y peligroso oponerse públicamente a las autoridades.

Al mismo tiempo que las autoridades limitan en la legislación y en la práctica el derecho de la gente a salir libre y pacíficamente a la calle para expresar sus opiniones, el gobierno ha tomado medidas para menoscabar la independencia de las instituciones judiciales polacas.

Desde 2016, el Parlamento viene aprobando legislación que permite al gobierno tomar el control de los tribunales y de los jueces.

Leamos esta frase otra vez. Debería hacer estremecer a cualquiera.

La existencia de tribunales independientes es una salvaguardia esencial contra los abusos de quienes están en el poder. A menudo es la última red de seguridad que nos protege cuando el gobierno pretende sancionarnos por salir a la calle para decirle lo que pensamos.

Si los tribunales se convierten en un medio de aprobación sin más de las acciones de las autoridades, la gente puede perder su derecho a tener un procedimiento judicial justo en Polonia.

Un poder judicial independiente es decisivo para una sociedad donde se respeten los derechos humanos y donde se haga rendir cuentas y se lleve ante la justicia a quienes los violan. Una vez eliminado, es muy difícil restablecerlo.

Polonia se está deslizando por una pendiente al final de la cual las personas viven privadas de sus derechos.

Esta perspectiva es una mala noticia no sólo para quienes viven en Polonia, sino también para las quienes vivimos en otras partes. Polonia no es un país aislado, sino un importante Estado miembro de la UE. Las autoridades están dando ya un peligroso ejemplo, que quienes tienen ansias de poder en otras partes podrían estar deseando seguir.

A pesar de estar sometidos a presión, los jueces y juezas de toda Polonia han hecho valer hasta ahora el derecho de la gente a protestar, desestimando centenares de cargos presentados contra personas que se habían echado pacíficamente a la calle.

El juez Igor Tuleya es uno de los que han participado en las protestas contra los intentos del gobierno de hacerse con el control de los tribunales. Cuando hablamos con él, instó a la gente a manifestarse... mientras pueda todavía hacerlo.

“Si los propios polacos no paran estas ‘reformas’, el poder judicial independiente dejará de existir”, advirtió.

Una orgullosa tradición de protesta

Alzar la voz en favor de lo que consideramos justo es una orgullosa tradición polaca. Durante decenios, el panorama político y social de Polonia se ha configurado por medio de una serie de debates públicos y protestas llevados a cabo en demanda libertades y justicia.

En Polonia, la gente sabe que en la protesta pacífica hay poder. Sabe que participar en reuniones pacíficas es una importante forma de cuestionar las políticas y prácticas del gobierno y de hacer saber a quienes están en el poder de qué tipo de sociedad quiere la gente formar parte.

No es demasiado tarde para echar el freno. Es esencial oponer resistencia al intento del gobierno polaco de desmantelar derechos que quizá demos por sentados, como el derecho a protestar y el derecho a un juicio justo.

Todavía hay esperanza. Todavía hay un vibrante movimiento de derechos humanos que anhela una sociedad donde la gente pueda expresar sus opiniones libremente, mostrarse crítica y manifestarse pacíficamente en contra de lo que considera injusto. Tal sociedad es sencillamente un lugar mejor para vivir, y lo sabemos.

Y también lo saben miles de personas que están decididas continuar saliendo en defensa de una Polonia mejor y más justa.

Este artículo fue publicado por primera vez en euronews.com.


Tags: Polonia, derechos sociales económicos y culturales.

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