Viernes, 10 de agosto, 2018

Desde la violencia con arma de fuego hasta la brutalidad policial, pasando por la violencia sexual y el acoso, la juventud de todo el mundo, en toda su diversidad, está viviendo realidades violentas. Sin embargo, en una nueva oleada de activismo de derechos humanos, esta juventud pionera se está alzando, emprendiendo acciones y pidiendo un cambio, mientras hace malabarismos entre la escuela, la universidad y el empleo


Américas

“La única manera de sanar era actuar”: Jaclyn Corin, 17 años, Estados Unidos

Jamás imaginé que me sucedería a mí. Parkland estaba calificada como la comunidad más segura de Florida pero, cuando la tragedia nos golpeó y se produjo un tiroteo masivo en una escuela, supe que la única manera de sanar era actuar.

Cuando mis amigos y yo nos reunimos, no teníamos ningún plan. Empezamos a trabajar literalmente en el suelo de una sala de estar. Nuestra juventud jugaba a nuestro favor. No éramos adultos tratando de adivinar qué funcionaba con los jóvenes, y no pedíamos permiso. Otros chicos y chicas de todo el país vieron lo que estábamos haciendo y sintieron que podían hacerlo también.

Al ser supervivientes de un tiroteo en un colegio, la gente nos escuchaba. Estábamos enfadados, y nos hacíamos oír. La reacción a lo que nos había sucedido ayudó a que nuestro movimiento creciera más deprisa de lo que hubiéramos imaginado. Es increíble ver el impacto que estamos teniendo, pero también hay un sentimiento de culpabilidad, ya que todo esto ha surgido de algo tan terrible.

Creamos March For Our Lives porque nuestros amigos y amigas que perdieron la vida habrían querido que actuáramos. Lo hacemos por ellos.

Me inspiran… los chicos y chicas que están haciendo algo para lograr un cambio; la chica que se presenta candidata a la junta escolar, o quienes organizan March For Our Lives. La gente y el presente son los que me inspiran.

Twitter: JaclynCorin@

“La violencia en mi comunidad debe terminar”: Raull Santiago, 29 años, Brasil

En una favela, la vida tiene dos caras. Por un lado, hay un fuerte sentimiento de comunidad. Por otro, hay violencia policial, alimentada por la desigualdad y el racismo. Todos los días hay gente asesinada violentamente por el color de su piel.

He visto mucha violencia en mi vida, y muchas personas jóvenes encarceladas o asesinadas. Otras personas se ven obligadas a meterse en el inframundo criminal sólo para sobrevivir. En Brasil hay un discurso nacional en torno al problema de las drogas y la manera en que las autoridades han optado por combatirlo mediante la violencia. En mi comunidad, 12 personas han sido asesinadas en los dos últimos meses.

No quiero quedarme sentado en silencio. Como activista de derechos humanos, estoy decidido a hacer campaña contra la “guerra contra las drogas” y a pedir el final de la violencia en mi comunidad. Estamos celebrando manifestaciones en las calles y representando teatro en la calle para transmitir nuestro mensaje. Creo firmemente que estas pequeñas acciones harán llegar nuestro mensaje a una población más amplia.

La gente solía guardar silencio cuando se mataba a alguien, pero eso ya no sucede. Cada día luchamos por nuestras vidas. Es una realidad violenta. Mi tatuaje dice: “Cree”. Aunque resulta difícil tener fe, mi tatuaje es un recordatorio de lo lejos que hemos llegado.

Me inspira… la gente sencilla con los pies en la tierra, como mi madre, mi padre y mis amistades. Viven la misma realidad, pero siguen luchando por mejorar las cosas. A pesar de las dificultades, siguen sonriendo. Eso es una auténtica inspiración.

Twitter: @raullsantiago 

“No tenemos miedo, sabemos que hacemos lo correcto”: Matt Deitsch, 20 años, Estados Unidos

March For Our Lives se creó porque algo tenía que cambiar. El tiroteo de Parkland marcó el cumpleaños de mi hermana, el día de San Valentín. Ella estaba en el colegio. Cuando me enteré del tiroteo, traté de ponerme en contacto con ella, pero no contestaba. Fui a su colegio, tratando de averiguar qué había pasado. Mi hermana sobrevivió pero, en aquel momento, supe que la situación tenía que cambiar.

Todo lo que hemos hecho desde el 14 de febrero se ha basado en lo que consideramos correcto. Hasta ahora ha funcionado. Hemos organizado viajes para captar apoyos ante representantes estatales, hemos celebrado una asamblea pública de jóvenes con la CNN, en la que multitud de jóvenes nos reunimos para hacernos oír, y hemos organizado March For Our Lives, que ha dado lugar a más de 800 marchas en numerosos países.

Mucha gente quiere presentarnos como algo especial, pero sólo somos chicos y chicas normales dispuestos a hacer algo sobre este problema. Es increíble ver los cambios tangibles que estamos logrando. Hasta ahora, se han aprobado 25 nuevas leyes en 15 estados. Una cosa es ver un cambio de mentalidad, pero ver cómo se hace algo para salvar vidas de verdad, eso es otra cosa.

No tenemos miedo, porque sabemos que hacemos lo correcto. Seguimos adelante porque mucha gente que murió en el tiroteo de Parkland hizo un esfuerzo consciente para salvar a otras personas. Sólo estamos intentando perpetuar eso.

Me inspira… otros estudiantes que se han pronunciado, como Jaclyn. Hay una mujer maravillosa llamada Caitlin que organizó una protesta en Ocala, Florida, en una zona llena de tiendas de armas. A su concentración acudieron más simpatizantes que a la del gobernador.

Twitter: @MattxRed

“Tengo voz y no me asusta usarla”: – Zachir Enrique José, 18 años, Chile

La gente joven no hace más que oír que no conoce su propia realidad. Es muy frustrante. Yo me identifico como no binario. La gente no sabe quiénes somos. No existimos en el lenguaje ni en la vida cotidiana. Se nos asigna un género por fuerza, pero no tenemos ningún poder de decisión al respecto. Cuando le dije a mi familia que era no binario, no lo entendían.

Quiero asegurarme de que los y las jóvenes conocen sus derechos sexuales y reproductivos. Mediante talleres, festivales, libros y fanzines, enseño a la gente joven sus derechos. No es para todo el mundo, pero la mayoría me dan las gracias después del taller. En Chile no suele hablarse de estas cosas y, cuando nosotros lo hacemos, hablamos de manera que los hagamos felices.

Como activista de derechos humanos, seguiré alzando la voz. Soy resistente. Sí, he tenido dificultades, especialmente porque mucha gente se toma la sexualidad en broma, pero hay gente con empatía, así que seguiremos empoderándonos mutuamente. Tengo voz y no me asusta usarla.

Me inspira… ¡los y las activistas de mi red!

“La violencia sexual es tan frecuente en Perú que a la gente le parece normal”: Yilda Paredes, 23 años, Perú

Detrás de nuestras sonrisas, hay miedo. Miedo de vivir una vida de violencia.

En Perú, las niñas y las jóvenes están desprotegidas. No se nos permite abortar, salvo en circunstancias excepcionales. Hace poco, un hombre quemó viva a una chica en un autobús. Sucedió cerca de mi casa.

Yo he sido víctima de acoso. Mi ex novio me acosaba. Arrojaba piedras contra mi casa, me seguía a todas partes y difundía rumores. Tuve que cambiar el número de mi teléfono celular y mi manera de vivir. Incluso pensé en dejar la universidad.

Saqué fuerzas de mis amistades y de mi trabajo con Amnistía Internacional. Cuando la gente se enteró de mi situación, muchas chicas y mujeres empezaron a venir en busca de consejo, diciendo que sufrían situaciones similares. La violencia sexual es tan frecuente en mi país que a la gente le parece normal.

Ahora me estoy formando para ser abogada y soy activista de derechos humanos; hago campaña sobre cuestiones como los derechos de las mujeres, de las personas LGBTI y de los pueblos indígenas. Somos muchos los que queremos ver un cambio en nuestra comunidad. Nos merecemos que nuestras voces se escuchen y se respeten.

Me inspira… las mujeres como las defensoras de los derechos humanos Máxima Acuña, de Perú, y Mariella Franco, de Brasil, muerta a tiros este mismo año. Las dos lucharon por nuestros derechos.

Twitter: @ParedesYilda

“Todo el mundo merece la oportunidad de aprender sobre sus derechos”: Karin Watson, 21 años, Chile

Convertirme en activista de derechos humanos fue un proceso natural. Las cuestiones de justicia social me han interesado desde que tenía 12 años. De 1973 a 1990, Chile estuvo bajo la dictadura de Pinochet, y hubo muchas violaciones de derechos humanos. Aprender sobre la historia de mi país me inspiró para convertirme en activista de derechos humanos. Ahora trabajo sobre cuestiones como la juventud, la migración y los derechos sexuales y reproductivos.

En Chile, a las niñas y las mujeres no se les permite abortar, y muchas han muerto a consecuencia de ello. El año pasado, el Congreso Nacional aprobó una norma que decía que se permitiría el aborto en algunas circunstancias. Fue una gran victoria pero, justo después de aprobarse el proyecto de ley, llegó al poder un nuevo gobierno que limitó su impacto. Amnistía Internacional está educando a las personas jóvenes sobre esta cuestión mediante la campaña Mi Cuerpo Mis Derechos, que está teniendo un impacto enorme. Es hermoso ver cómo se ha desarrollado.

Hoy día, trabajo sobre educación en derechos humanos, enseñando a niños y niñas sus derechos. Me colma y me motiva. Todo el mundo merece esta oportunidad. Como parte del Colectivo Joven de Amnistía Internacional, trabajo sobre cuestiones relacionadas con jóvenes a nivel global. Resulta inspirador, porque he conocido a mucha gente y he hecho muchas amistades nuevas, lo que significa que nuestro trabajo llega a nuevos lugares.

Me inspira… mis amistades, las personas que he conocido a través de este trabajo y a lo largo del camino. Mis amistades que trabajan en Mi Cuerpo Mis Derechos son más jóvenes que yo, pero son tan jóvenes y tienen tanta pasión... Han viajado a zonas remotas de Chile para educar a personas. Es muy inspirador.

África

“Sienta bien ver a gente actuar”: Haafizah Bhamjee, 22 años, Sudáfrica

Existe pobreza en torno al periodo, especialmente en la universidad. Ni siquiera puedes hablar de la menstruación, no digamos ya de si puedes permitirte comprar productos de higiene, así que las chicas sufren en silencio. Es deshumanizador.

Mis amigas y yo estamos tratando de cambiar esta situación mediante nuestra campaña #WorthBleedingFor. La mayor parte de la gente piensa que la universidad es un lujo reservado a los ricos, pero no lo es. La gente pobre también va a la universidad. Hay estudiantes que duermen en la biblioteca, y otros hacen cola para recibir paquetes de alimentos, pero la falta de acceso a productos de higiene femenina es un problema real. Estamos presionando para que las universidades instalen dispensadores de estos productos en los aseos, nos hemos puesto en contacto con el gobierno local para que proporcione productos higiénicos gratuitos a las chicas en las escuelas, y estamos animando a las chicas a que hablen de sus experiencias.

Sienta bien ver a gente actuar. El cambio es gradual, pero emocionante. Muy recientemente, un grupo de chicas hizo un vídeo sobre #WorthBleedingFor en el que se mostraba nuestro trabajo de campaña. El saber que hemos llegado a alguien y hemos logrado un impacto fue estupendo.

Me inspira… Winnie Mandela. Era apasionada, decidida, y nunca dejó de hacer campaña.

Twitter: @FizzerBlack 

“Para ser activista, tienes que alzarte contra la injusticia social”: Shafee Verachia, 26 años, Sudáfrica

Las tasas de matrícula no hacen más que subir, y se está excluyendo sistemáticamente a jóvenes mentes brillantes. Por eso es por lo que, al igual que miles de jóvenes más de Sudáfrica, formé parte de las protestas de #FeesMustFall: el movimiento encabezado por estudiantes más grande de Sudáfrica desde el levantamiento de Soweto de 1976, en el que estudiantes de escuelas negras se alzaron para protestar contra el apartheid. En octubre de 2015 nos embarcamos en un cierre sistemático de nuestro sistema universitario.

Durante dos años (2015-2016) sufrimos brutalidad policial, victimización y demonización. Mi amiga, y sucesora como presidenta del Consejo de Representación de Estudiantes, Shaera Kalla, recibió 13 disparos a quemarropa en la espalda, de un policía que disparaba balas de goma. No pudo caminar durante casi seis semanas. A otra estudiante, Kanya Cekeshe, la condenaron a ocho años de cárcel. Nos arrojaron granadas de mano y nos dispararon gas lacrimógeno. Aún tengo las cicatrices psicológicas de aquella experiencia.

Aunque finalmente nuestras peticiones recibieron una respuesta favorable y las tasas de matrícula no se incrementaron, me quedé agitado y furioso. El cambio no es un suceso, es un proceso, y no está teniendo lugar lo bastante deprisa. La gente joven necesita estar en primera línea para dar forma al cambio. Durante demasiado tiempo, las cuestiones relacionadas con la juventud han estado en la periferia, mientras los líderes se obsesionan con el poder y se aferran a él. Cuando la juventud se dé cuenta de que tenemos el poder y la capacidad de acción para sacudir los cimientos del sistema, podremos ser una fuerza imparable para la justicia social.

Me inspira… los y las jóvenes activistas que se rebelan contra un sistema que los ignora y los excluye. Son estas personas jóvenes las que me dan esperanza y dejan claro que nuestra lucha debe continuar. Mientras haya jóvenes que se van a dormir con hambre, que no pueden permitirse ir a la escuela o que no pueden acceder a sus derechos más básicos, nuestro trabajo debe continuar.

Twitter: ShafMysta@

“El activismo de derechos humanos me salvó”: Sandra Mwarania, 28 años, Kenia

Pensaba que el trabajo de defensa de los derechos humanos era sólo para profesionales con una sólida formación jurídica. Pero no es así.

En la universidad no se escucha al alumnado. Cuando era estudiante, propugnaba que el estudiantado tuviera una voz activa y poderosa sobre las cuestiones que le afectaban. Hacer campaña por los derechos de la juventud era divertido e inspirador. Como joven, quería hacer campaña por un cambio positivo.

Vamos a la universidad a labrarnos carreras profesionales de éxito. Sin embargo, nos encontramos con la dura realidad del desempleo, la corrupción, la discriminación y una multitud de injusticias de otro tipo. Lo viví en primera persona cuando salí de la universidad. En lugar de ceder a la desesperanza, me uní como voluntaria a iniciativas de justicia social.

Ahora tengo 28 años, y llevo ya un año en mi primer empleo estable. Ahora que tengo empleo, siento que tengo que aferrarme a él, y doy gracias a que mi función actual complementa mi trabajo como voluntaria. En cierto modo, el activismo de derechos humanos me salvó.

Ver el impacto que está teniendo mi trabajo me hace sentir bien y me anima a seguir adelante. Si la gente trata de derrotarme, sonrío y la ignoro. Conozco mi historia y sé dónde quiero ir.

Me inspira…. El director de Amnistía Internacional Kenia, Irũngũ Houghton. Desde que se unió al equipo este año, mi ética del trabajo ha cambiado. Me enseña constantemente cómo desafiarme a mí misma como defensora de los derechos humanos y como líder juvenil.

Twitter: SMwarania @

Asia

Al mantener la unión, podemos inspirarnos mutuamente”: Kania Mamonto, 25 años, Indonesia

Al menos medio millón de personas fueron masacradas durante la tragedia de 1965 en Indonesia, y es mi labor documentar las historias de quienes sobrevivieron. Organizo grupos de supervivientes en las comunidades y salvo el abismo entre las generaciones. Es importante que la gente joven comprenda el pasado de nuestro país. Como activista de derechos humanos, no quiero presenciar injusticias. Quiero trabajar con otras personas, compartir conocimientos y actuar, pero en Indonesia no es fácil ser activista de derechos humanos.

El pasado mes de abril, formé parte de un evento cultural junto con muchos otros defensores y defensoras de los derechos humanos. Yo era maestra de ceremonias. Vino un grupo que nos obligó a atrincherarnos en el edificio durante ocho horas. Fue aterrador. Más de 200 personas atrapadas, entre ellas niños y niñas.

Rompieron los cristales a pedradas y dispararon contra nosotros; corríamos peligro de que nos golpearan. Después de que nos liberaran, mi cara apareció en todos los medios de comunicación.

Todo el incidente resultó muy traumatizador. Trabajé mucho para hacer posible el cambio, pero no es eso lo que se percibe. He aprendido a hacer frente a lo que sucedió, y quiero educar a la gente sobre mi trabajo. Si alguien tiene un problema al respecto, quiero que me lo digan y tengamos una conversación abierta. Defender aquello en lo que crees no te convierte en una mala persona. Sólo queremos justicia e igualdad.

A través de Amnistía Internacional he conocido a otros defensores y defensoras de los derechos humanos de toda Asia y he trabajado con ellos; es bueno sentirse parte de una red global. Es una oportunidad de compartir el trabajo que estamos realizando, así como nuestros problemas y las lecciones que hemos aprendido. Al mantener la unión, podemos inspirarnos mutuamente.

Me inspira… un activista indonesio llamado Munir. Era tan inspirador y valiente, y siempre decía la verdad. Estaba con la gente.

Twitter: Kanimonster_@

“Cuando hablo, me siento empoderado”: Manu Gaspar, 23 años, Filipinas

Cuando hablo, me siento empoderado. El hacer oír mi voz fue algo con lo que estuve luchando mientras crecía. Les dije a mis padres que era gay cuando tenía 19 años. Comparado con algunos de mis amigos que revelaron su homosexualidad, tuve suerte, ya que sigo pudiendo vivir en mi casa.

Sin embargo, no siempre es fácil. Mis padres no aprueban mi sexualidad, y es difícil encontrar terrenos comunes. La mayor parte del tiempo, cuando voy a casa, no hablo con nadie.

He hallado esperanza a través del activismo de derechos humanos. Cuando hablo de cuestiones que me apasionan, me siento apreciado, como si estuviera haciendo cambiar las cosas.

El activismo juvenil de derechos humanos desempeña un enorme papel en mi vida. Además de mi papel en el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), también formo parte del Colectivo de Jóvenes de Amnistía Internacional. Mucha gente joven se enfrenta a problemas similares, y es una oportunidad de compartir mi historia con otras personas y decirles que las cosas mejoran y que, una vez que lo hacen, tienes la responsabilidad de conseguir que otras personas homosexuales del mundo disfruten de su libertad igual que tú. Lleva mucho tiempo conocerte a ti mismo, pero ayuda cuando encuentras a personas con las que quieres hablar; se convierten en tu familia de elección. Cuando encuentras ese grupo, ves las cosas desde una perspectiva diferente, y te sientes mucho más apreciado.

Me inspira… la comunidad LGBTI. Muchas personas lo han tenido mucho más difícil, y de no ser por ellas yo no podría ser yo mismo.

Twitter: mnugaspar @

Oriente Medio y Norte de África

“La gente debería ser tolerante y de mente abierta”: Amal Agourram, 21 años, Marruecos

En Marruecos, los derechos de las mujeres se violan a diario. Conozco a personas que han sufrido acoso y agresiones, cuyo derecho a la libertad de expresión ha sido violado, y que se han enfrentado a juicios injustos. Eso es lo que me hace querer luchar por los derechos humanos.

Después de graduarme, empecé a trabajar con Amnistía Internacional a nivel local en sus campañas Valiente y Te doy la bienvenida.

Mi objetivo es crear un entorno en el que la gente sea tolerante y de mente abierta, y en el que se comprendan los derechos humanos. A través de Te doy la bienvenida, animo a la gente a ver más allá de la etiqueta de persona refugiada y escuchar las historias que hay detrás de ella.

En estas campañas trabajo principalmente con otros jóvenes. Es una oportunidad de conocer a personas que han vivido experiencias similares. Al participar, los y las jóvenes me dicen que se sienten mucho menos solos, y se sienten parte de algo importante. Muchos de nosotros hemos utilizado los conocimientos que hemos adquirido para educar a gente en sus casas sobre cuestiones como los derechos de las mujeres.

Siempre pienso en maneras en las que puedo lograr un cambio y tener impacto. Para mí, es un hobby. Incluso cuando mis padres me dicen que descanse, les digo que promover la importancia de los derechos humanos me hace sentir bien.

Me inspira… Nelson Mandela. Él nos inspira a todos. También busco inspiración en gente de mi localidad. Me motivan para conseguir que las cosas cambien.

Europa

“Podemos cambiar la forma en la que alguien ve el mundo”: Mariana Rodrigues, 22 años, Portugal

Mi padre es bastante revolucionario. Me enseñó a pensar fuera de los márgenes establecidos, para que, cuando veo algo que quiero cambiar, haga algo al respecto. Todo mi activismo se basa en eso.

Cuando fui a la universidad, se me acercó una persona de Amnistía Internacional encargada de recaudar fondos. El trabajo de la organización era tan inspirador que decidí convertirme en captadora de fondos cara a cara después de graduarme.

La recaudación de fondos brinda la oportunidad de cambiar la forma de pensar de la gente, y educar a las personas sobre lo que sucede en el mundo. Hablé con mucha gente que tenía ideas diferentes sobre las personas refugiadas. Después de hablar, se daban cuenta de la importancia de dar la bienvenida a personas a Portugal. Demostró que la mayoría de los problemas del mundo proceden de la falta de información. Se puede vencer el odio.

Se puede cambiar la forma en que alguien ve el mundo, y Amnistía, junto con mi proyecto de ropa sostenible, proporciona una manera de hacerlo. Es increíble formar parte de una red de jóvenes que brinda la oportunidad de conocer a activistas de todo el mundo.

Me inspira… la gente que sigue alzando la voz en lugares donde resulta difícil hacerlo.