Viernes, 03 de septiembre, 2021

Su procesamiento fue el reflejo de una tendencia general en Europa a penalizar actos de solidaridad como medio de disuadir a otros de salir en defensa de los derechos de las personas refugiadas y migrantes


En respuesta a la decisión de un tribunal francés de condenar a un agente de policía que agredió a Tom Ciotkowski —voluntario británico que ayudaba a solicitantes de asilo en Calais en 2018— y posteriormente hizo falsas declaraciones contra él, Katia Roux, responsable del trabajo de incidencia en Francia, ha declarado:

“Se trata de una importante decisión judicial en lo que se ha convertido en un caso emblemático de las agresiones de la policía a las personas solicitantes de asilo y a los defensores y defensoras de los derechos humanos que las ayudan.”

“Esperamos que este procesamiento, que sólo prosperó gracias a las pruebas de vídeo y a la determinación de un reducido grupo de activistas, envíe una clara señal de que ya no se tolerará más la impunidad de la violencia policial.”

Tom Ciotkowski ha declarado:

“Han sido tres largos y estresantes años, pero me alegra ver que se obliga a la policía a rendir cuentas de sus actos. Si los abusos policiales no se controlan ni se castigan, todo el sistema se descompone desde dentro. Es fundamental que este tipo de actuaciones se graben y se den a conocer.”

“No quiero ni pensar lo que podría haber pasado si otras personas y yo mismo no hubiéramos podido grabar el incidente. El condenado podría perfectamente haber sido yo. Espero que esta decisión contribuya a que se reflexione sobre el clima de hostilidad contra las personas solicitantes de asilo en Calais y en otros lugares y a que se promueva un enfoque nuevo y más empático hacia las personas que luchan allí por sobrevivir y las que tratan de ayudarlas.”

INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA

En 2018, el voluntario Tom Ciotkowski fue empujado violentamente por la policía y acusado de desacato y agresión después de grabar a un agente de policía francés empujando a otro voluntario en Calais. En lugar de ser tratado como víctima de violencia policial, fue arrastrado por los tribunales por cargos falsos hasta que quedó finalmente absuelto en junio de 2019.

Su procesamiento fue el reflejo de una tendencia general en Europa a penalizar actos de solidaridad como medio de disuadir a otros de salir en defensa de los derechos de las personas refugiadas y migrantes.