Lunes, 12 de junio, 2017
D'Amato, Daniel

En alguna ocasión, muchos de nosotros y nosotras hemos escuchado que los niños y las niñas son el futuro o que los niños y niñas de hoy son los hombres y mujeres de mañana; y es por esa misma razón que tenemos que buscar lo mejor para ellos y ellas. Sin embargo, en la realidad nos encontramos con una realidad contrastante, en la que 168 millones de niños alrededor del mundo trabajan a tiempo completo. Este tipo de actividades consumen la mayor parte del tiempo de los y las pequeñas, por lo que no les da tiempo de asistir a la escuela o siquiera jugar, negándoles la oportunidad de ser niños y desarrollarse apropiadamente.


Artículo 3

“Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”.

Articulo 4

“Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas”

Uno de los riesgos más grandes del trabajo infantil es la cercanía que tiene con la explotación infantil, principalmente porque los niños y familias que aceptan estas prácticas suelen tener bajos ingresos y pocas oportunidades de empleo, por lo que es posible que pudiesen llegar a aceptar trabajos que podrían ser definidos como esclavitud, servidumbre por deudas, trabajo forzoso, trata de personas, pornografía y prostitución, entre otros; violando los artículos que se citaron al no garantizar la libertad plena de los y las niñas que trabajan. No obstante, aun cuando se garantice la libertad de los y las niñas que trabajan, existe una gran posibilidad de que peligre su bienestar físico, mental o moral, considerando que muchos de los trabajos son sumamente peligrosos y perjudiciales, a puntos incorregibles.

Artículo 26

(1) Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos.

El trabajo infantil también viola el derecho a la educación, considerando que el trabajo de jornada completa, tal como suelen trabajar estos niños y estas niñas, absorbe una gran cantidad de su tiempo y esfuerzo, por lo que si llegan a asistir, no tienen la capacidad de enfocarse y rendir completamente en los estudios. A pesar de ello, muchos y muchas lo intentan pero en muchos trabajos se les maltrata tanto que se les traumatiza y les cuesta mucho concentrarse en realizar sus labores escolares o son rechazados por los maestros al ser considerados elementos perturbadores de la clase.

A pesar de que el trabajo infantil viola estos tres derechos humanos de forma directa, sus consecuencias pueden crear una serie de efectos en cadena que generan más violaciones de derechos humanos, creando ciclos vitalicios que duran generaciones y de los cuales es sumamente difícil salir.

El trabajo infantil es sumamente difícil de combatir por su condición. Sin embargo, si todos nos unimos y aportamos un pequeño grano de arena, podemos lograrlo: hacer este hecho visible y reconocer que existe y que debemos cambiarlo debe ser el primer paso.

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