EMBARAZO EN VENEZUELA: ESCASEZ, HAMBRE Y MIGRACIÓN

Viernes, 19 de febrero, 2021
Por: Damiano, Daniela

La precaria situación de los derechos de salud sexual y reproductiva ha sido uno de los causales que sumó a la mujer venezolana a la ola migratoria. El miedo a la crisis sanitaria que el país atraviesa y la decadencia de la calidad de vida ha llevado a las embarazas a una indecisión: irse o quedarse


Para hablar de embarazo en Venezuela es necesario partir en la desesperación por el difícil acceso a anticonceptivos, la penalización del aborto, la precariedad del sistema de salud pública y privada, los altos costos de vida y una tasa alarmante de maternidad, consecuencia de la Emergencia Humanitaria Compleja que atraviesa el país y que ha afectado de forma diferenciada a las mujeres, sobre todo aquellas en condiciones de vulnerabilidad.

Según cifras de ACNUR (2019) ¹, más de 4 millones de venezolanas y venezolanos han emigrado en busca de mejores condiciones de vida, mientras que Colombia es el país que ha recibido una mayor cantidad de personas migrantes con 1.3 millones. 

Entre esos estuvo Nathaly Rosales de Anzoátegui quien, a sus 22 años y 7 meses de embarazo, decidió cruzar la frontera colombo-venezolana caminando: “Lo decidimos casi que de un día para otro, viendo que la situación hospitalaria estaba terrible hasta en las clínicas y pensar en que pudiese presentar una emergencia y no tener de dónde sacar los medicamentos nos aterraba ”.

La búsqueda de mejores condiciones para parir y, en general, tener mayor tranquilidad durante su periodo de gestación, la llevaron a tomar la decisión de irse a Colombia junto a su pareja. “Es agotador, no puedes disfrutar el embarazo pensando en las consultas, las medicinas”, en referencia a los altos costos de vida, escasez e infraestructura hospitalaria.

Rosales describe el trato médico en Colombia distinto al venezolano, pero a pesar de la "frialdad" de los doctores y doctoras, las condiciones eran mejores en comparación con su país de origen.

La decisión de emigrar es difícil, pero para ella era necesario hacerlo si quería tener un parto digno y seguridad para su neonato. Pasados ​​los meses, con su bebé en brazos, decidió regresar a su país de origen, pero antes accedió a las opciones que ofrece el Estado colombiano de forma gratuita, como las vacunas para su hijo, las cuales son especialmente difíciles de conseguir en Venezuela.

¿Y los anticonceptivos para prevenir?

Hablar de educación sexual y anticonceptivos es hablar de derechos sexuales y reproductivos, así como el poder de elección que una mujer debe tener, pero en el caso de Venezuela hay un gran déficit en esta área.

Según el informe estadístico de la organización AVESA (2019) la escasez de anticonceptivos se encuentra entre un 83% y 91% en Venezuela², esto quiere decir que la mayoría de la población no cuenta con las posibilidades de prevenir embarazos no deseados con las medidas adecuadas .

Además, existe un marco restrictivo con relación al aborto. Según los artículos 432 y 433 del Código Penal venezolano, reformado según Gaceta Oficial número 5.494 del 20 de octubre del 2000, el aborto solo es legal en caso de que el embarazo amenace la vida de la parturienta, quedando prohibida cualquier otra causal para interrumpir un embarazo bajo amenaza de prisión de seis meses a dos años.

Estas dos causales llevan una planificación familiar pobre y altos índices de embarazos no deseados. La gestante queda entre la espada y la pared con respecto a las decisiones, lo cual hace de la migración una de las opciones más consideradas para poder tener un embarazo y parto digno, así como una vida en condiciones adecuadas para su hija o hijo.

La mujer venezolana se ve en la necesidad de emigrar para tener un embarazo digno, acceso a condiciones óptimas de parto y proveer a su hija o hijo de vacunas y medicamentos.

Embarazo y hambre

La Emergencia Humanitaria Compleja en Venezuela ha llevado un deterioro progresivo de la calidad de vida de sus ciudadanas y ciudadanos, esto dificulta que puedan cubrir de forma adecuada sus necesidades básicas como alimentación, medicamentos, un hogar, entre otros.

Esta situación pone en especial riesgo a las gestantes porque, además de lo mencionado anteriormente, requieren una dieta especial y vitaminas durante su embarazo, además costear exámenes especiales cuyos precios pueden ser bastante altos, esto pone en decisión si comer o cumplir con los cuidados especiales que el periodo de gestación amerita.

“La mayoría de las mujeres embarazadas que conozco no tomaron casi vitaminas, gracias a Dios nosotros si resolvimos todo, pero tengo una vecina que no llevó el control de su embarazo en lo absoluto porque no tuvo para pagar la primera consulta”, comentó Evelyx Forero, una margariteña de 22 años que califica estar embarazada en Venezuela como algo “costoso”.

Según la ONG Cáritas, durante julio-septiembre 2018, 21% de las mujeres embarazadas en parroquias de 7 estados presentaban desnutrición aguda debido a que no podían costear los alimentos necesarios para una dieta balanceada y menos las pautas adecuadas para monitorear el embarazo³.

Al respeto, Forero agregó “Mis consultas todas fueron privadas porque en un sitio público la lista de espera es interminable, habían meses en los que estábamos súper apretados porque eran hasta 80$ en exámenes y consulta, también después de los 7 meses te mandan a tomar un medicamento en mi caso L’carnitina y la dosis del mes me salía en 60$; luego dos meses después para finalizar el embarazo me lo mandaron de nuevo y ya me costaba 100$ sin contar todo lo anterior, consulta, exámenes”. A esto se deben enfrentar las embarazadas en un país con la mayor inflación del mundo y donde el sueldo mínimo mensual es menor a $1.

Según Migración Colombia (2018), entre abril y junio de 2018, se registró la entrada de 8.209 mujeres venezolanas embarazadas, 6.304 (76.7%) de ellas sin control prenatal. Los altos costos llevan a que muchas se vean marginadas del sistema de salud privado, pero que además en medio de la crisis hospitalaria no puedan acceder al sistema público y, por ende, no lleven un control de su embarazo, lo cual pone en riesgo ambas vidas. 

Escapar durante el embarazo

“Me afectó mucho que un tío tuvo a su hija, unos meses mayor que la mía, y la niña tuvo complicaciones al nacer. Ellos vivían en Guarenas y no conseguían la sonda, el medicamento, etc. Al final lo encontraron en Mamporal y tuvieron que ir con el récipe hasta allá para poder comprarlo. Fue bastante traumático creo yo, esto me hizo tomar la decisión de emigrar”, indicó la valenciana Gabriela Figuera en 2016, con 27 semanas de embarazo. 

Ya casi en el tiempo máximo para poder viajar en avión, tomó todas sus cosas y, junto a su pareja, decidió irse a República Dominicana donde la esperaba su familia, con el objetivo de evitar la escasez de medicamentos y de recursos médicos que hay en Venezuela.

En el país, el sistema de salud tanto público como privado ha estado en decadencia en la última década y acelerado su paso en los últimos años. Algunas de las cifras más alarmantes están relacionadas a la mortalidad materna y de recién nacidos. Los datos más recientes son de 2016, cuando la mortandad materna se disparó al 65% y la mortalidad infantil creció un 30% en un solo año⁵.

Figuera, aún en Venezuela podía verse en una clínica privada, donde “por suerte” logró tener sus consultas médicas sin ningún inconveniente, pero la escasez de medicamentos, altos costos de insumos, imposibilidad de independizarse con su pareja y, lo más importante, “el miedo a lo que pudiese suceder” la hicieron tomar la decisión de emigrar en medio de su embarazo.

Si bien vivió una experiencia de violencia obstétrica en su país actual, no consideró la posibilidad de regresar a Venezuela porque la calidad de vida no es la que busca para ella ni para su familia.

Similar es el caso de la guayanesa Victoria Vratny, quien a los 19 años pisó el suelo chileno sin saber que tenía 2 meses de gestación. Al descubrirlo consideró regresar a Venezuela por la carga emocional y económica que generaba este embarazo inesperado mientras estaba sola en otro país. 

Pero su pareja pudo emigrar, así que decidió permanecer en Chile por solicitud de su familia. La preocupación de sus padres por no conseguir las vitaminas y vacunas para el bebé, así como los altos costos en pañales, ropa y alimentación en Venezuela, hizo que estos le pidieran mantenerse en su nuevo país.

“Parir en un hospital es lo peor que hay”

“Gracias a Dios a mí me trataron muy bien. Pero lo que es el mantenimiento en el hospital, la comida y los espacios es horroroso. Los hospitales no sirven ni tienen los recursos necesarios”, Lorenayth González de 37 años es mirandina y tuvo a su bebé en un hospital de Los Teques en septiembre de 2020.

Los hospitales venezolanos son un reflejo de la precariedad de un sistema de salud público deteriorado, estancado en una economía de inflación y escasez. Esto conlleva a que las parturientas se encuentren con condiciones deshumanizadoras, eso sí tienen la “suerte” de conseguir un hospital donde sean aceptadas porque el “ruleteo” (término usado para definir el recorrido de la gestante por distintos hospitales hasta conseguir uno que la acepte) se ha convertido en un pan del día a día.

Mujeres han parido en casa, en la calle o, incluso, en la entrada de los centros de salud pública donde no fueron recibidas por no contar con los insumos necesarios para el alumbramiento. Esto es una de las cosas que da mayor miedo a las gestantes y atenta directamente contra su dignidad humana.

González describe su experiencia en el hospital como “lo peor que hay”, porque, aunque el trato de los médicos y enfermeras haya sido agradable, la falta de recursos como agua potable, medicinas, alumbrado, insumos de limpieza y más, hacen que la experiencia de parir sea toda una odisea.

Además, un parto en una clínica privada es inaccesible para la mayoría de la población. Así lo señaló Tiffany, una enfermera de 20 años que además de parir en Venezuela, debió hacerlo durante la pandemia por COVID - 19. Ella decidió dar a luz en su lugar de trabajo: el Instituto Venezolano de Seguros Sociales de San Cristóbal, estado Táchira.

“Debido al problema de la COVID-19, por mi mente no pasó ir al hospital principal de San Cristóbal, debido a ser el hospital centinela del estado”, relató que tuvo “suerte”, ya que al ser parto natural y hacerlo en su lugar de trabajo, fueron pocos los insumos necesarios.

“Cuando supe que estaba embarazada sufrí como un mar de emociones, pensé mucho cómo saldríamos adelante con la situación económica, porque tanto el trabajo mío como el de mi pareja son del sector público”, comentó además que durante los primeros meses del embarazo pudo costear consultas en una clínica privada pero ya en el último trimestre debió acudir a un centro de salud público porque ya no podía costearlo.

Decidir cuando no hay opciones

Las mujeres embarazadas migran por necesidad y por miedo a convertirse en parte de las cifras de mortalidad materna o neonatal. El sistema de salud más precario de América Latina hace que decidan partir a otras fronteras.

Hablar del poder de decisión en un contexto donde la mitad de las opciones ponen en riesgo la vida de la madre y el feto, es reducirlo a irse o intentar sobrevivir. Opciones que, además, se dan dentro de una falta de educación sexual, escasez de anticonceptivos, penalización del aborto e insuficiencia programas de planificación familiar que permitan tener embarazos deseados, con un control pre y post natal adecuado.

 

Revisa todos los artículos de la revista "No Pensamos callar":  https://www.amnistia.org/media/8150/ai_se_revistamujeres.pdf

 

 ---

  1. ACNUR: Refugiados y migrantes de Venezuela superan los cuatro millones: ACNUR y OIM (https://www.acnur.org/noticias/press/2019/6/5cfa5eb64/refugiados-y-migrantes-de-venezuela-superan-los-cuatro-millones-acnur-y.html)

  2. AVESA: Índice de escasez de métodos anticonceptivos en farmacias de cinco ciudades de Venezuela (2019) ( https://avesawordpress.files.wordpress.com/2019/02/indice-escasez-ma.-enero-2019.pdf

  3. Coalición Equivalencias en Acción: Mujeres al Límite (2019)

 

  1. El Clarín: El salario mínimo mensual en Venezuela, por el piso: menos de un dólar, lo que cuesta un kilo de harina (2020) https://www.clarin.com/mundo/salario-minimo-mensual-venezuela-piso -dolar-cuesta-kilo-harina_0_ebRTfuXl2.html

 

  1. The New York Times: Dar a luz en Venezuela es un riesgo mortal (2020) (https://www.nytimes.com/es/2020/04/10/espanol/america-latina/embarazos-venezuela.html)

 

 


Tags: No Pensamos callar, Venezuela, Mujeres, migración.

Compartir