Lunes, 20 de septiembre, 2021

La migración forzada venezolana es la consecuencia más visible internacionalmente de la emergencia humanitaria compleja, por ello los países receptores deben también ofrecer políticas ajustadas al respeto de los derechos humanos de venezolanos que llegan en la mayoría de los casos sin un plan de vida


El Estado Monagas presenta gran déficit de profesionales tanto en los sectores de la educación, la salud, la higiene mental, la prestación de apoyos y atención al público, entre otros, situación que incrementa la vulnerabilidad a la que está expuesta la sociedad venezolana y la monaguense.

Sin servidores sociales los obstáculos para la prestación de servicios eficaces son crónicos y esto impide el acceso de la población a sus derechos esenciales de educación, salud, vida digna, acceso a justicia gratuita y célere, ambiente sano, entre otros.

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Venezuela atraviesa una crisis social, económica y de vulneración de derechos humanos sin precedentes nacionales e históricos desde hace más de una década, a lo cual, recientemente se le suma la crisis planetaria por la Covid-19 que amenaza con dejar a Latinoamérica y el Caribe con aproximadamente 45 millones de personas pobres según la Organización de Naciones Unidas, de acuerdo con su reporte “El impacto del Covid-19 en América Latina y el Caribe”.

La pobreza es una realidad palpable en nuestro país y causante además de la mayoría de las problemáticas existentes en el mismo. Venezuela tiene el salario mínimo más bajo de la región y del mundo, siendo de USD 1,60 (uno con sesenta centavos de dólares americanos). También son factores determinantes de la crisis social, económica y política: las nulas buenas prácticas sociales, la inestabilidad política y jurídica, el ineficiente manejo de los recursos y la defectuosa administración del Estado.

La pobreza en Venezuela

Los resultados de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida 2019-2020 (ENCOVI), señalan que la pobreza multidimensional en Venezuela afecta a 64,8% de los hogares, lo que representa un incremento de 13,8% entre 2018 y 2019.

La pobreza multidimensional está relacionada con indicadores como educación, estándar de vida, empleo, servicios públicos y vivienda. La pobreza, la falta de crecimiento profesional, el pago irrisorio por la actividad realizada, el abuso de poder, la usurpación de funciones por parte del Estado a los órganos de poder e institutos autónomos del país, el acceso negado a los servicios básico elementales y a una alimentación decente y saludable, el deterioro del sistema educativo primario, secundario y universitario, la negada oportunidad de autorrealización y otros motivos de índoles personales, han sido las reiteradas razones expresadas por la población migrante venezolana ante la pregunta: Durante el ejercicio de su profesión en Venezuela, ¿cuáles eran las vicisitudes más importantes que debía afrontar y cuál fue el motivo que le llevó a emigrar del país?

La educación y la politización

Para mayo del 2017, José Rafael Márquez Contreras de 34 años, Licenciado en Educación Integral, quien vivía en la comunidad del Furrial del Estado Monagas, decide partir del país y asentar su residencia en Ecuador. “Durante el tiempo que ejercí mi carrera profesional en Venezuela, lo más inaceptable que vi era la politización en la educación, donde incluso asumían cargo importantes personas sin preparación, pero simpatizantes del gobierno actual”.

La educación en Venezuela en los tiempos presentes muestra signos de la desolación de las instituciones educativas y del daño ocasionado a las mismas por la politización de sus áreas que, en condiciones normales, deben permanecer apolíticas y abiertas al debate, a la producción de ideas y de propuestas de avances y mejoras para la sociedad y el mundo.

“Migrar me ha enseñado lo importante que es tener el valor de tomar una decisión que puede cambiar tu vida. Migrar no es solamente salir de tu país, es tener el coraje de poder establecerse en una nación ajena, pero con la convicción de que las metas y la razón por la que tomaste esa decisión te va a permitir crecer y lograr objetivos”, agregó.

Migrar fue fácil  hasta que no pude ver más a mi familia

Otra perspectiva comparte Martha Elena, médico de 45 años de edad. Es oriunda de la ciudad de Maturín, habitaba en el Sector Juanico, quien partió del país desde el año 2011 en busca de alcanzar sus aspiraciones profesionales y personales.

“Migrar para mí fue fácil, siempre fui una persona que cambiaba mucho de lugar, por ejemplo; mudanzas de hogar, escuelas, colegios, universidad, trabajos, amigos, entre otros. Siempre quise vivir fuera de Venezuela, en otro país con otro idioma, ejercer en otro país, no tuve factores adversos, por ejemplo, mi familia siempre me visitaba dónde iba a vivir”.

“Pero las cosas cambiaron cuando comenzó a agudizarse la crisis venezolana, se hizo difícil para mí cuando ya no podía volver a Venezuela. Mi familia comenzó a dispersarse por varios países, mis amigos y conocidos ya no estaban. Cuando todo inició era una época que muchas personas se querían ir, era un deseo de salir del país, porque querían una vida mejor. Los últimos no se querían ir, se tuvieron que ir, los obligaron a irse de su país porque ya no podían sobrevivir”.

La realidad de la crisis nos ha trastocado a todos los venezolanos en diferentes grados y de diversas formas, la pérdida del afecto y la vivencia de momentos con los seres que amas también es una pérdida irrecuperable, característica notoria de las migraciones forzosas.

Volver a empezar

Jacinto Vásquez, abogado de 27 años, antes de partir vivía en la comunidad de Tipuro. Para él migrar de Venezuela ha significado comenzar de nuevo. “Establecerme nuevas metas, adaptarme a un nuevo sistema (anglosajón), al cual no estaba acostumbrado. No solamente un nuevo sistema, sino una nueva cultura, un nuevo clima, idioma y estilo de vida. El factor más adverso de esa decisión es estar distante de tu familia, saber que por mucho tiempo no puedes volver a verla.

Al tener un estatus migratorio de asilo no puedo volver a Venezuela”. Los migrantes deben sufrir el desapego emocional tanto de sus familiares y amigos como de sus costumbres y tradiciones, algo que afecta significativamente el desenvolvimiento de vida de esas personas.

Renunciar al ejercicio profesional por mejor salario

Ante la pregunta, ¿Ejerce su carrera profesional en el país de acogida donde actualmente se encuentra?, la mayoría de los entrevistados respondió que no y solo algunas personas pueden establecerse y regular el ejercicio de su carrera profesional conforme al derecho interno del país para sentar sus bases.

En nuestro país cada día se evidencia más la grave crisis de falta de personal en áreas de servicios sociales. La mano de obra cualificada cada día se fuga de nuestro país de forma desmedida y lo preocupante de esa situación tan alarmante es la cruda realidad de que los mismos no logran ejercer más sus carreras y en cambio ocupan puestos laborales sin cualificación profesional.

La migración forzada venezolana es la consecuencia más visible internacionalmente de la emergencia humanitaria compleja, por ello los países receptores deben también ofrecer políticas ajustadas al respeto de los derechos humanos de venezolanos que llegan en la mayoría de los casos sin un plan de vida. La situación regular y los documentos que puedan facilitar trabajos dignos debe ser prioridad en las políticas de acogida de migrantes y refugiados.

 

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Por María Gómez