Viernes, 12 de enero, 2018

Para toda la sociedad en general, es obvia la importancia que reviste la educación para el crecimiento de un país, en este sentido, lxs adolescentes son una población especialmente vulnerable


Para toda la sociedad en general, es obvia la importancia que reviste la educación para el crecimiento de un país, en este sentido, lxs adolescentes son una población especialmente vulnerable, no solo desde el punto de vista biológico por la pubertad, sino también por la presión social que reciben constantemente, aunado a ello, la situación económica que enfrentan en sus familias, lxs llevan a plantearse seriamente el abandonar los estudios para poder ayudar a la economía familiar.

 

Ampliación de la escolaridad

Sin ninguna duda la ampliación de la escolaridad secundaria es un fenómeno que atraviesa a toda América Latina, esto se aprecia tanto en el aumento de las tasas de escolarización, como en los cambios legislativos y de políticas educativas, hechos que permiten reconocer un “movimiento hacia adelante” en el ámbito de la escolaridad obligatoria. Lo dicho se asocia con el programa de implementación progresiva en la región del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño, con la discusión sobre políticas orientadas al desarrollo y el crecimiento de los países de América Latina, así como con la promoción de la noción de umbral crítico de escolaridad (CEPAL, 1998).

Esta situación tan positiva ha sido acompañada, no obstante, por la persistencia del fenómeno de la deserción. En efecto, la progresiva inclusión escolar de nuevos segmentos sociales tiene sus claros aciertos en la dimensión de acceso, hay más centros educativos en más territorios del continente, especialmente de educación primaria, pero no en la dimensión de permanencia y finalización de los ciclos escolares. Los datos disponibles nos muestran, además, que los problemas de permanencia son más acuciantes, precisamente, en las propias zonas de estos nuevos segmentos recientemente escolarizados, es decir, en las zonas rurales, indígenas y urbanas marginales.

Comprender adecuadamente esta realidad constituye un desafío clave para las políticas educativas que busquen, efectivamente, asegurar el derecho a la educación para todos. Esta tarea supone al menos dos líneas de análisis. Por una parte, completar y actualizar el análisis sociodemográfico del fenómeno, respondiendo a las preguntas sobre dónde se ubican las y los jóvenes que dejan la escuela, qué los caracteriza, qué caracteriza a sus familias y contextos socioeconómicos, qué caracteriza a las escuelas en las que cursan y a sus respectivos sistemas educativos, y cómo se relacionan todos estos factores.

 

Dimensión subjetiva de la deserción escolar

La necesidad de incluir esta dimensión está relacionada con al menos tres argumentos. En primer lugar, el hecho de que la adolescencia, independientemente de la tremenda variabilidad geográfica, socioeconómica y cultural que encierra esta categoría socioetaria, es vivida crecientemente como un espacio donde la autonomía es un valor deseado y promovido. Esto no quiere decir que las y los jóvenes (especialmente los más pobres de la región) puedan, en efecto, ejercer plenamente su autonomía, sino que la visión que tienen sobre sus experiencias, el modo como las viven y aprecian, influye en la configuración y en el desarrollo de esas mismas experiencias. En otras palabras, el modo en que viven y aprecian la escolarización afecta su desarrollo.

En segundo lugar, la configuración de los significados y sentidos que el espacio de la escuela media tiene para las y los jóvenes, que incide en su permanencia, se ve afectada por las expectativas, las identidades, los proyectos de vida y las representaciones que ellos tienen sobre la escuela media, así como por los que los adultos de la escuela media (principalmente, los maestros) tienen sobre los y las jóvenes.

En tercer lugar, es necesario considerar esta dimensión subjetiva por cuanto las expectativas, las identidades, los proyectos de vida y las representaciones que tiene la juventud acerca de la escuela media deben mirarse atendiendo dos ámbitos distintos, a saber:

i) la experiencia de la escuela media como una configuración de sentido en función del futuro (es decir, la educación como preparación para los proyectos que han de desarrollarse cuando la escolaridad concluya adecuadamente)

ii) la experiencia de la escuela media como una práctica de vida (el “ir a la secundaria”) que, corrientemente, fenomenológicamente quizás, provee o no, espacios y tramas de socialización, experiencias gratificantes o no y contenidos simbólicos, que afectan tanto el bienestar subjetivo individual como la identidad y el significado cotidiano de la experiencia. Además, es razonable suponer que ambos ámbitos influyen, de manera variable y situada, en los procesos de desescolarización.

Es por lo antes mencionado, que se hace necesario que el Estado diseñe políticas públicas en materia educativa que armonicen en la manera de afrontar los retos que representan las dimensiones objetivas y subjetivas que afectan la vida de lxs adolescentes, para así disminuir la deserción escolar.

 

Fuentes Consultadas

  • Daniel Contreras6 y Miguel Lafferte. Adolescentes y jóvenes en realidades cambiantes. UNESCO
  • http://www.buenosaires.iipe.unesco.org/publicaciones/adolescentes-y-j-venes-en-realidades-cambiantes-notas-para-repensar-la-educaci-n
  • Imagen de Myriam Doerr shutterstock